Manzano completa el rompecabezas energético y emerge un nuevo poder económico en la Argentina

La compra de Raízen Argentina por parte de José Luis Manzano y Mercuria no es solo una operación corporativa. Detrás de las estaciones Shell y la refinería de Dock Sud se consolida un poderoso conglomerado energético, con presencia en petróleo, gas, electricidad y combustibles. 
Argentina04/06/2026Salta MiningSalta Mining
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La historia económica argentina suele estar marcada por ciclos de concentración y reconfiguración de poder. En esa dinámica, pocas operaciones tienen la capacidad de modificar el tablero completo. La adquisición de los activos de Raízen Argentina por parte del grupo liderado por José Luis Manzano, en asociación con la multinacional suiza Mercuria, es una de ellas.

Aunque la noticia fue presentada como la compra de la operación local de Shell, el verdadero alcance del acuerdo trasciende ampliamente la incorporación de una red de estaciones de servicio o de una refinería. Lo que se está construyendo es una estructura integrada que conecta la producción de hidrocarburos, la refinación, la comercialización de combustibles y la distribución de energía eléctrica bajo una misma órbita de influencia.

El activo más visible es la refinería de Dock Sud, una de las más importantes del país, junto con más de 700 estaciones de servicio que operan bajo la bandera Shell. Se trata de una red que concentra cerca del 19% del mercado nacional de combustibles, una participación que coloca a los nuevos controlantes entre los actores más relevantes del sector.

Sin embargo, la magnitud estratégica de la operación aparece cuando se observa el conjunto de piezas que ya estaban sobre el tablero.

La integración que cambia las reglas

Hasta hace algunos años, Manzano era visto principalmente como un empresario con inversiones diversificadas en medios, energía y servicios públicos. Hoy, el escenario es muy diferente.

La alianza con Mercuria —uno de los mayores traders energéticos del mundo— le permite participar en la producción de petróleo y gas a través de Phoenix Global Resources, una compañía con fuerte presencia en Vaca Muerta y foco en el desarrollo del shale oil.

Con la compra de Raízen, esa producción podrá integrarse con la refinación y la comercialización. En otras palabras, el petróleo extraído en Vaca Muerta puede recorrer toda la cadena hasta llegar al surtidor de una estación Shell bajo una misma estructura empresarial.

No se trata solamente de una cuestión de escala. La integración vertical es uno de los modelos más eficientes dentro de la industria energética global porque permite capturar rentabilidad en cada eslabón del negocio y reducir la dependencia de terceros.

Es, en esencia, el esquema que históricamente convirtió a YPF en el principal jugador energético argentino.

Edenor, la pieza silenciosa

La operación también adquiere otra dimensión cuando se incorpora a la ecuación el control de Edenor, la mayor distribuidora eléctrica del país, donde Manzano comparte participación con Daniel Vila y Mauricio Filiberti.

La electricidad y los combustibles aparecen cada vez más conectados en el futuro energético global. El avance de la movilidad eléctrica, las redes inteligentes y la transformación tecnológica del transporte plantean escenarios donde las estaciones de servicio dejarán de ser únicamente puntos de expendio de combustibles fósiles para convertirse en centros de provisión energética.

En ese contexto, la coexistencia de una gran distribuidora eléctrica y una extensa red de estaciones de servicio abre oportunidades de negocio que pocos grupos privados poseen actualmente en Argentina.

Aunque esos proyectos aún pertenecen al terreno de las posibilidades, la arquitectura empresarial ya está diseñada para aprovecharlos cuando el mercado los demande.

El factor Mercuria

La presencia de Mercuria en esta operación tampoco es un detalle menor.

Mientras muchas compañías internacionales redujeron exposición en Argentina durante años de incertidumbre económica y regulatoria, el gigante suizo decidió profundizar su apuesta.

Mercuria no solo aporta capital. También incorpora acceso a mercados internacionales, financiamiento, logística global y experiencia en el comercio mundial de energía.

Para Manzano, la asociación significa respaldar una estrategia de crecimiento con uno de los actores más influyentes del negocio energético global. Para Mercuria, implica consolidar una posición privilegiada en uno de los países con mayor potencial hidrocarburífero del planeta.

Un nuevo centro de poder

La compra de Raízen ocurre en un momento clave para la Argentina. Vaca Muerta avanza hacia una etapa de expansión exportadora, los precios energéticos buscan una mayor liberalización y el país necesita inversiones multimillonarias para desarrollar infraestructura.

En ese escenario, el empresario mendocino deja de ser un inversor relevante para transformarse en un actor estructural del sistema energético nacional.

Producción de petróleo y gas, participación en Vaca Muerta, refinación, comercialización de combustibles, distribución eléctrica y generación energética conforman ahora un entramado con escasos antecedentes en manos privadas.

La operación también refleja una tendencia global: el regreso de los conglomerados integrados capaces de controlar toda la cadena de valor energética.

Durante décadas, ese lugar estuvo reservado para gigantes históricos como YPF, Pan American Energy o Tecpetrol. La novedad es que ahora emerge un nuevo jugador con capacidad para disputar influencia en todos los segmentos estratégicos del sector.

La aprobación regulatoria aún debe completarse. La compra de Raízen no representa solamente un cambio de dueños, sino que marca el nacimiento de un nuevo polo de poder económico que buscará tener un papel decisivo en la energía argentina de las próximas décadas.

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