






San Juan busca aprobar una ley de "compre y contrate local", al estilo de la 8.164 de Salta
Salta Mining










A las puertas de una ola de inversiones millonarias impulsada por los grandes proyectos cupríferos y el RIGI, San Juan decidió jugar fuerte. El gobierno provincial impulsa una ley que obligará a las mineras a contratar al menos un 80% de trabajadores locales y destinar hasta un 60% de sus compras y servicios a proveedores sanjuaninos. La iniciativa intenta resolver una vieja deuda de la minería argentina y que hace referencia transformar los recursos del subsuelo en desarrollo económico genuino para las comunidades donde se generan.
La historia minera argentina está atravesada por una discusión recurrente, cuánto de la riqueza que sale de la montaña permanece realmente en los territorios donde se extrae. Durante décadas, provincias productoras observaron cómo miles de millones de dólares en inversiones convivían con economías regionales que apenas captaban una porción marginal de los beneficios indirectos de la actividad.
San Juan parece haber decidido que esta vez el desenlace debe ser diferente. Con proyectos de escala mundial como Josemaría, Los Azules, El Pachón y Altar acercándose a sus etapas decisivas, el gobierno provincial envió a la Legislatura una de las iniciativas más ambiciosas que se recuerden en materia de desarrollo local vinculado a la minería. La futura Ley de Proveedores Mineros no busca modificar regalías ni crear nuevos impuestos. Su estrategia es más sofisticada: intervenir sobre el corazón mismo de la cadena de valor.


Manos sanjuaninas
La lógica es simple, si la minería será durante las próximas décadas el principal motor económico de la provincia, entonces buena parte del empleo, los servicios, la logística, la construcción y la provisión industrial deben quedar en manos sanjuaninas.
La norma fija una meta contundente: alcanzar un piso del 80% de empleo local sobre la totalidad de los trabajadores vinculados a cada proyecto, incluyendo no sólo la nómina directa de la empresa operadora sino también la de contratistas y subcontratistas.
La decisión apunta directamente a una práctica habitual de la gran minería. Muchas compañías exhiben altos niveles de empleo local dentro de sus planteles permanentes, pero tercerizan obras estratégicas y servicios especializados en empresas radicadas fuera de la provincia. El proyecto busca cerrar esa puerta y trasladar la responsabilidad final a la operadora minera.
Pero la apuesta no termina allí. El texto también establece que el 60% de las adquisiciones y contrataciones deberá quedar en manos de proveedores locales registrados. Para acceder a esa categoría, las empresas deberán demostrar arraigo económico real en San Juan, transparentar su estructura societaria y, en muchos casos, acreditar inversiones productivas concretas dentro de la provincia.
Una definición política
Detrás de la ingeniería legal aparece una definición política y que a punta a evitar el denominado "efecto enclave", uno de los fenómenos más cuestionados de la minería moderna. Es decir, proyectos multimillonarios capaces de generar exportaciones récord pero con escasa integración al tejido productivo local.
La pregunta que inevitablemente surge es si semejante nivel de exigencia puede convivir con la necesidad de atraer inversiones internacionales. La respuesta sanjuanina parece ser afirmativa.
Los redactores del proyecto entendieron que cualquier exceso regulatorio podría transformarse en un argumento para cuestionar la competitividad provincial frente a otros destinos mineros de América Latina. Por eso incorporaron una serie de mecanismos de flexibilidad que permiten excepciones cuando no exista oferta local suficiente en términos de calidad, capacidad técnica, volumen o precio de mercado.
En otras palabras, la ley establece objetivos ambiciosos, pero evita convertirlos en una obligación imposible de cumplir.
Más interesante aún es el trabajo jurídico realizado para blindar la iniciativa frente a eventuales planteos de inconstitucionalidad. Históricamente, las leyes de compre local han sido observadas con recelo porque pueden colisionar con principios constitucionales vinculados a la libre competencia y al comercio interprovincial.
Consciente de ese riesgo, el proyecto incorpora expresamente los principios de razonabilidad, proporcionalidad y libertad de comercio, intentando demostrar que no se trata de una barrera económica encubierta sino de una política de desarrollo territorial compatible con el marco constitucional argentino. Sin embargo, el verdadero examen no será jurídico sino productivo.
La construcción simultánea de varios megaproyectos de cobre exigirá capacidades industriales, logísticas y tecnológicas que hoy exceden ampliamente la escala de gran parte del entramado pyme provincial. El desafío para San Juan será que la ley no se convierta únicamente en una herramienta de protección, sino también en un incentivo para acelerar procesos de inversión, capacitación y asociatividad empresarial.
La provincia parece haber comprendido que la ventana de oportunidad es irrepetible. El cobre se perfila como uno de los minerales estratégicos de la transición energética global y los próximos años podrían colocar a San Juan entre los principales polos mineros de América Latina.
Los verdaderos beneficiarios
La discusión de fondo, entonces, no gira únicamente en torno a porcentajes de empleo o cupos de contratación. Lo que está en juego es quiénes serán los verdaderos beneficiarios de la próxima gran ola de inversiones mineras.
Mientras otras jurisdicciones continúan debatiendo cómo atraer capitales, San Juan decidió avanza en cómo retener una mayor porción de la riqueza que esos capitales generen.
La iniciativa abre un debate que seguramente será observado con atención desde otras provincias mineras, especialmente desde Catamarca y Jujuy, donde el crecimiento del litio también ha puesto sobre la mesa la necesidad de profundizar la participación de trabajadores y proveedores locales. En Salta, en tanto, donde existe una ley de fomento minero y compre local, los proveedores insisten en que se respete la norma frente a un avance de las importaciones y toma de personal de otras regiones.
Si la ley logra mantener el delicado equilibrio entre competitividad e integración territorial, San Juan podría convertirse en un laboratorio nacional de una nueva generación de políticas mineras. Una minería que no sólo exporte minerales, sino que también exporte un modelo de desarrollo capaz de transformar inversiones récord en progreso tangible para sus comunidades.


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