La minería y el tránsito: el apuro por llegar puede poner en riesgo la licencia social

El crecimiento de la actividad en la Puna multiplicó el movimiento de camionetas y camiones de proveedores en rutas, avenidas y caminos del área metropolitana. Las altas velocidades y las maniobras imprudentes empiezan a generar una preocupación que las empresas no deberían subestimar.
Salta10/08/2026 Por Joaquín Díaz Cabral
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Joaquín Díaz Cabral

El apuro de la minería no puede convertirse en el apuro de todos. El sector atraviesa en Salta una etapa de crecimiento que se refleja en inversiones, empleo, movimiento de proveedores y una mayor circulación de personas y vehículos. Pero ese crecimiento también tiene efectos concretos sobre la vida cotidiana de quienes viven en los territorios vinculados directa o indirectamente con la actividad.

Uno de ellos es cada vez más visible, el incremento del tránsito de vehículos asociados a la industria minera y, especialmente, las velocidades a las que algunos de ellos circulan.

No se trata de cuestionar la actividad ni de desconocer las exigencias logísticas que demanda una industria que trabaja en territorios alejados, con grandes distancias y condiciones geográficas particulares. Por el contrario, se trata de recordar que una actividad que pretende desarrollarse bajo altos estándares debe comenzar por cumplir aquellos que son básicos para cualquier ciudadano, el de respetar las normas de tránsito y cuidar la vida de quienes comparten las rutas y calles.

En los últimos tiempos se volvió habitual observar camionetas y camiones vinculados con empresas mineras, logísticas y proveedores desplazándose por rutas, avenidas, autopistas y caminos rurales del área metropolitana como si fueran verdaderas pistas de velocidad.

Precisamente, es aquí donde aparece una contradicción que merece ser discutida.

La industria minera habla -con razón- de seguridad, eficiencia, profesionalización, capacitación y altos estándares para toda su cadena de valor. Las compañías exigen determinados protocolos a sus contratistas y proveedores porque saben que un error puede tener consecuencias graves.

La seguridad vial debería formar parte de esos mismos estándares, sin excepciones.

El motor no puede ser más fuerte que la responsabilidad

Las camionetas utilizadas en las operaciones mineras están preparadas para responder a condiciones exigentes. Potencia, torque, sistemas de seguridad y prestaciones para circular en altura forman parte de las características que necesita el trabajo en la Puna.

Pero esa capacidad técnica puede convertirse en un riesgo cuando se traslada a zonas urbanas, suburbanas o rurales donde las condiciones son completamente diferentes.

Una camioneta preparada para enfrentar caminos de montaña no convierte una avenida en una autopista. Un motor potente no habilita a acelerar por encima de los límites.

Cumplir con una entrega o llegar a tiempo a un destino tampoco puede estar por encima de la seguridad de quienes circulan alrededor. El problema es que, desde el interior de un vehículo moderno, las altas velocidades pueden no percibirse de la misma manera. El aislamiento, la estabilidad y la potencia generan una sensación de control que puede ser engañosa.

Para quien conduce, quizás sean unos minutos ganados, pero para quien se cruza con ese vehículo, una maniobra inesperada puede significar un riesgo enorme.

CAMIONETAS
altas velocidades en las rutas salteñas

La comunidad también tiene sus propios estándares

La minería necesita una relación de confianza con las comunidades. Si bien esa relación se construye mediante inversiones, empleo, proveedores locales y programas de responsabilidad social, también se construye en las pequeñas cosas.

El vecino observa cómo circula una camioneta por su localidad, cómo se comporta un chofer en una ruta y si respeta a un peatón y si se reduce la velocidad al atravesar una zona urbana. En si se entiende que del otro lado del volante hay familias que tienen derecho a trasladarse tranquilamente.

La licencia social no se pierde solamente por los grandes conflictos. También puede erosionarse por la acumulación de pequeñas conductas que generan malestar.

Un vecino que ve todos los días pasar camionetas a velocidades excesivas puede terminar asociando esa conducta con la actividad minera. Una comunidad que percibe que algunos vehículos vinculados al sector no respetan las reglas puede comenzar a preguntarse si los famosos “altos estándares” se aplican realmente a todos. Las empresas deben tener en cuenta que esa percepción importa y mucho

Porque la licencia social es, en definitiva, la aceptación y confianza que una comunidad deposita en una actividad que transforma su territorio. No está escrita en un contrato ni se obtiene para siempre, se construye y se sostiene todos los días.

El círculo virtuoso también comienza en la ruta

El crecimiento minero del NOA abre una enorme oportunidad para Salta. Hay proyectos, inversiones, empresas internacionales, proveedores locales y trabajadores que comienzan a integrarse a una cadena de valor cada vez más importante. Pero para que ese círculo virtuoso funcione, cada uno de sus eslabones debe estar a la altura.

No alcanza con que una compañía tenga excelentes protocolos dentro de un campamento si, kilómetros más abajo, un vehículo de un proveedor circula de manera imprudente por una ruta.

No alcanza con hablar de desarrollo sostenible si quienes transportan insumos o personal no incorporan la seguridad vial como una prioridad. Tampoco alcanza con exigir estándares internacionales en producción si en la vía pública se toleran conductas que ponen en riesgo a terceros.

Por eso, las empresas tienen una responsabilidad directa. Deben controlar, capacitar y hacerles entender a sus trabajadores y contratistas que la representación de una compañía no termina cuando se sale de la operación.

Cada camioneta lleva consigo el nombre de una empresa, tenga o no tenga su logo visible, y cada conductor se convierte, quiera o no, en un representante de la actividad. Es decir que, cada imprudencia puede terminar afectando la imagen de todo el sector.

No se trata de frenar la minería, sino de hacerla mejor

El planteo no es minería sí o minería no, ni se trata de cuestionar la necesidad de contar con logística eficiente ni de desconocer que existen tiempos operativos que deben cumplirse.

El punto es otro y apunta a que los apuros de la industria no terminen trasladándose al resto de la sociedad.

La minería necesita velocidad para desarrollarse en términos de inversión, infraestructura y generación de empleo. Pero esa velocidad debe estar acompañada por responsabilidad.

Las empresas tienen la oportunidad de anticiparse a un problema antes de que se convierta en un conflicto. Revisar protocolos, reforzar capacitaciones, controlar velocidades, utilizar sistemas de monitoreo y establecer sanciones internas para quienes incumplan las normas son medidas que pueden contribuir a evitar situaciones de riesgo. 

Las empresas, sobre todo, deben transmitir un mensaje claro: llegar cinco minutos antes nunca puede valer más que la vida de una persona.

La minería salteña tiene por delante un escenario de enorme crecimiento. Para aprovecharlo necesita inversiones, trabajadores capacitados, proveedores competitivos, infraestructura y reglas claras. Pero también necesita algo mucho más frágil, ganar confianza.

Por eso, antes de que el problema se agrave, sería saludable que las empresas mineras y toda su cadena de proveedores tomen nota: el apuro por llegar no termine convirtiendo las rutas y avenidas de Salta en pistas de velocidad. Porque cada imprudencia pone en peligro una vida y también puede poner en riesgo la confianza que la minería necesita para seguir creciendo.

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