






Combustibles en alza: la guerra recalienta los costos y pone en alerta a la logística minera











La logística vuelve a quedar en el centro de la tormenta. Como tantas otras veces, un conflicto geopolítico en Medio Oriente, epicentro de la energía global, repercute de manera directa en la economía argentina. Desde los bombardeos de Estados Unidos e Israel sobre Irán a fines de febrero, el precio internacional del petróleo no dejó de escalar, generando un efecto dominó que ya se siente en surtidores y planillas de costos.
El barril de Brent llegó a perforar la barrera de los 120 dólares en los días más álgidos del conflicto. Si bien en la actualidad muestra una leve moderación, oscilando entre los 104 y 105 dólares, el impacto ya está hecho: en cuestión de días, los combustibles en Argentina registraron incrementos superiores al 10%.
Para el sector del transporte automotor de cargas, la situación no es menor. Según estimaciones de distintas cámaras empresarias, el combustible representa entre el 35% y el 40% de los costos operativos totales. Es, sin discusión, el insumo más sensible. Cada variación en el precio del gasoil repercute de manera inmediata en la estructura económica de las empresas.


El problema no es solo el aumento en sí, sino la velocidad con la que se produce y la falta de previsibilidad que genera. En un país donde los contratos muchas veces se pactan a mediano plazo, una suba abrupta puede dejar a los prestadores en una situación crítica, obligados a absorber costos que no estaban contemplados o a renegociar condiciones en un contexto adverso.

En este escenario, las declaraciones del CEO de YPF, Horacio Marín, quien aseguró que no habría “cimbronazos” en el precio de los combustibles, aparecen tensionadas frente a la realidad del mercado. La lógica del “micropricing” y el intento de amortiguar los picos internacionales chocan con una dinámica global que no da tregua.
La incertidumbre, en este punto, se convierte en el principal factor de preocupación. Nadie en el sector puede prever con claridad cuánto durará el conflicto ni cuál será su impacto final en los precios internacionales. Pero lo que sí está claro es que cada escalada bélica tiene un correlato directo en los costos logísticos.
El impacto se vuelve aún más crítico en regiones como el norte argentino, donde las distancias, la geografía y las condiciones operativas elevan de por sí los costos del transporte. En provincias como Salta, donde la actividad minera depende en gran medida de una logística eficiente para movilizar insumos y producción en zonas de difícil acceso, el incremento del combustible se traduce en una presión adicional sobre toda la cadena de valor.
El sector de servicios mineros observa la situación con especial atención. La ecuación es sencilla pero preocupante: costos en alza, contratos en curso y márgenes que se achican.
En muchos casos, las empresas cuentan con stock de combustible adquirido a valores anteriores, pero esa ventaja es temporal. Cuando esos volúmenes se agoten, deberán salir al mercado a precios actualizados, con el consiguiente impacto en sus estructuras.
La historia económica argentina agrega otro elemento de inquietud. Los precios suelen subir con rapidez, pero rara vez bajan en la misma proporción. En ese sentido, el interrogante que sobrevuela al sector es inevitable: cuando el mercado internacional se estabilice -si es que lo hace en el corto plazo-, ¿a qué nivel quedarán fijados los combustibles? ¿Al precio de un barril por encima de los 120 dólares o a valores más cercanos a los 60?
La respuesta, por ahora, es incierta. Pero lo que sí se sabe es que la volatilidad llegó para quedarse, al menos en el corto plazo. Y en ese contexto, la logística, columna vertebral de la producción, vuelve a enfrentar un desafío estructural: sostener la competitividad en un escenario donde las variables externas pesan cada vez más.
Mientras tanto, el sector navega entre la prudencia y la preocupación, con la mirada puesta en un tablero internacional que, una vez más, condiciona el pulso de la economía local. Porque cuando el petróleo tiembla, toda la cadena productiva siente el impacto.


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