Sin exploración no hay minería: Argentina acelera la búsqueda de cobre, pero Chile triplica la inversión y consolida su liderazgo

En 2024, Argentina dio un giro en su estrategia cuprífera al casi duplicar su inversión exploratoria respecto de 2023 y alcanzar los US$ 200 millones, marcando un cambio de tendencia tras años de presupuestos limitados.

Argentina16/02/2026Martín RodríguezMartín Rodríguez
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En minería, la ecuación es simple: sin exploración no hay descubrimientos, y sin descubrimientos no hay producción. El cobre —mineral estratégico para la transición energética, la electromovilidad y la infraestructura global— no escapa a esa regla básica. El último informe “Mercado de Cobre. Panorama internacional y perspectivas productivas para Argentina” (febrero 2026), elaborado por la Secretaría de Minería, confirma que la Argentina viene acelerando su inversión exploratoria en cobre de manera sostenida desde 2021. El dato no es menor: marca un cambio de tendencia después de años de presupuestos acotados.

Sin embargo, la diferencia entre Argentina y Chile, que comparten la misma cordillera y, con ella, un potencial geológico común, es abismal. Los grandes sistemas de pórfidos cupríferos no reconocen fronteras políticas: están a ambos lados de los Andes. Sin embargo, mientras Chile consolida su liderazgo mundial como exportador de cobre, Argentina aún no cuenta con ningún proyecto de cobre en producción.

En 2024 (últimos datos disponibles), la inversión exploratoria en Argentina alcanzó los US$ 200 millones, casi el doble que en 2023. Además, el país pasó de representar apenas el 1,2% del presupuesto global de exploración en 2015 a concentrar el 6,3% en 2024, posicionándose como la sexta jurisdicción con mayor presupuesto exploratorio en cobre a nivel mundial.

El dato es relevante porque en minería el proceso es secuencial: sin exploración no hay descubrimientos; sin descubrimientos no hay reservas; sin reservas no hay proyectos financiables; y sin proyectos financiables no hay producción.

Sin embargo, la comparación regional deja en evidencia la magnitud del desafío. En 2024, Chile destinó US$ 637,4 millones a exploración en cobre, más de tres veces lo invertido por Argentina (US$ 200,2 millones). En Chile, en tanto, el presupuesto de exploración llegó a US$ 874,7 millones en 2025, con un aumento de US$ 80,7 millones respecto del año anterior. 

La brecha no es solo cuantitativa ya que Chile cuenta con décadas de continuidad institucional, infraestructura minera consolidada y una industria madura que retroalimenta su propio desarrollo: las exportaciones financian nueva exploración, que a su vez garantiza el recambio de recursos.

Argentina, en cambio, se encuentra en una etapa previa: está expandiendo su presupuesto exploratorio para construir el pipeline de proyectos que podría transformarse en producción dentro de una década.

Exportaciones mineras 

La diferencia se refleja con claridad en los números. En 2025, la minería fue clave para el desempeño exportador chileno, con un crecimiento interanual del 12,6% y embarques por US$ 63.253 millones. El cobre fue la estrella indiscutida: sus envíos alcanzaron los US$ 55.188 millones, un 11% más que en 2024. Chile no solo explora: produce, exporta y captura renta minera a gran escala.

Argentina, en cambio, todavía está construyendo su camino hacia esa etapa. Y la base de ese recorrido es una sola: la exploración. Este año, la minería argentina cerró el año con el mayor nivel de exportaciones de su historia, según datos oficiales difundidos por el Gobierno Nacional. Entre enero y diciembre, las ventas externas del sector alcanzaron los USD 6.037 millones, con un crecimiento interanual del 29,2%.

Las exportaciones mineras argentinas representan apenas el 9,5% del total exportado por la minería chilena. Y si la comparación se hace específicamente contra el cobre chileno —US$ 55.188 millones—, el total minero argentino equivale a solo 10,9% de lo que Chile exporta únicamente en cobre.

La asimetría es estructural. Mientras Chile tiene en el cobre el corazón de su matriz exportadora, Argentina todavía está en fase de construcción de su sector cuprífero. Esa diferencia no es solo productiva, es también temporal: Chile monetiza hoy lo que exploró durante décadas. Argentina, en cambio, depende de lo que esté dispuesta a explorar ahora para poder exportar en el futuro.

Un indicador adelantado del futuro productivo

El crecimiento del presupuesto exploratorio argentino se da en un contexto global marcado por la transición energética, la electromovilidad y la creciente demanda de cobre para infraestructura eléctrica. El informe destaca que la normalización de las cadenas post pandemia y la reactivación de campañas profundas en distritos clave impulsaron la recuperación de la inversión. En particular, los avances en perforaciones profundas en la región cuyana muestran un cambio de escala en la apuesta exploratoria.

Pero el cobre es un negocio de largo plazo. Entre el descubrimiento y la producción pueden transcurrir entre 10 y 15 años. Por eso, el presupuesto exploratorio funciona como termómetro del mapa productivo futuro.

El desafío estructural

La comparación con Chile expone la realidad con claridad: ambos países comparten geología, pero no comparten estadio de desarrollo. Mientras Chile exporta más de US$ 55.000 millones en cobre al año, Argentina todavía está en fase de perforación y definición de recursos.

El salto cualitativo dependerá de sostener la curva de inversión exploratoria, garantizar estabilidad macroeconómica, consolidar infraestructura logística y ofrecer previsibilidad regulatoria.

El informe de la Secretaría de Minería deja una conclusión implícita: Argentina ya entendió que quiere ser jugador en el mercado global del cobre. La condición necesaria es clara.

Sin exploración no hay cobre.

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