






Minerales críticos: Brasil define entre mayor intervención estatal o protagonismo privado
Salta Mining










La disputa electoral brasileña también expone dos caminos diferentes para desarrollar los minerales críticos: mientras Lula impulsa una mayor participación estatal y busca agregar valor dentro del país, Flávio Bolsonaro plantea un esquema con mayor protagonismo privado, capital extranjero y procesos de permisos más ágiles.
Con el balotaje presidencial previsto para el 25 de octubre, los minerales estratégicos adquirieron un lugar relevante dentro de las propuestas económicas de ambos espacios. La discusión excede la extracción de recursos y se concentra en quién financiará los proyectos, cuánto valor se generará dentro de Brasil y qué papel tendrá el Estado en esa transformación.


Lula apuesta por garantías y procesamiento local
El gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva avanzó recientemente con una política específica para el sector. El 16 de septiembre promulgó la Ley 15.506, mediante la cual se estableció la Política Nacional de Minerales Críticos y Estratégicos y se creó un consejo dependiente de la Presidencia destinado a coordinar las acciones vinculadas con estos recursos.
El esquema contempla toda la cadena minera. La estrategia no se limita a promover la exploración y extracción, sino que incorpora el procesamiento, la transformación industrial y el reciclaje, con el objetivo de aumentar la participación brasileña en las etapas de mayor valor agregado.
Uno de los instrumentos centrales es el Fondo de Garantía de la Actividad Mineral (FGAM), diseñado para respaldar proyectos del sector por hasta 2.000 millones de reales.
La política también contempla incentivos para desarrollar proveedores nacionales, incorporar trabajadores locales y aumentar el gasto en investigación, desarrollo e innovación. De esta manera, el gobierno busca utilizar la disponibilidad de recursos estratégicos como una herramienta para ampliar la capacidad industrial brasileña.
Bolsonaro propone acelerar la inversión privada
El programa de Flávio Bolsonaro comparte con la propuesta oficialista una premisa: Brasil debería avanzar más allá de la exportación de minerales sin procesar.
Su plataforma incluye recursos considerados estratégicos para la transición energética y la industria tecnológica, entre ellos litio, niobio, grafito, níquel, uranio y tierras raras.
Sin embargo, el mecanismo propuesto es diferente. El candidato plantea una participación más acotada del Estado y una mayor intervención del sector privado. En su Programa de Gobierno sostiene que el Estado debe ser “regulador y coordinador, no como empresario”.
A partir de esa concepción, la propuesta busca facilitar el ingreso de capital y tecnología extranjeros, al tiempo que plantea acelerar los procedimientos para obtener derechos mineros.
El contraste entre ambas plataformas se encuentra, por lo tanto, en la forma de movilizar el capital y organizar la cadena de valor: Lula prioriza herramientas públicas para impulsar el procesamiento y la industrialización local, mientras Bolsonaro pone el acento en la inversión privada y extranjera como motor de expansión.
Una estructura minera que parte de otra escala
La discusión electoral ocurre sobre una base productiva que diferencia a Brasil de otros países de la región.
Minas Gerais constituye uno de los principales polos mineros brasileños, con una larga tradición vinculada al hierro y la presencia de grandes compañías como Vale. Sobre esa estructura también comenzaron a desarrollarse proyectos relacionados con litio, tierras raras y otros minerales considerados estratégicos.
El país cuenta además con recursos de potasio, un insumo de importancia para la industria de fertilizantes y, por extensión, para la seguridad alimentaria.
Junto a los grandes grupos mineros existe una red de empresas brasileñas medianas y pequeñas. En el mercado argentino se destaca precisamente la existencia de un empresariado minero local de mayor escala relativa, con compañías capaces de ocupar espacios relevantes dentro de la cadena productiva.
Otro elemento señalado en el análisis regional es la política brasileña de protección de las inversiones, tanto nacionales como extranjeras.
Capital extranjero con mayor control sobre los activos estratégicos
La política impulsada por Lula no excluye al capital internacional. La nueva legislación contempla su participación, aunque establece mecanismos de revisión ante modificaciones en el control societario o ante participaciones significativas de empresas extranjeras en compañías que poseen derechos sobre minerales críticos y estratégicos.
El objetivo es combinar la llegada de inversiones con un mayor control sobre activos considerados relevantes para la economía y la seguridad estratégica del país.
Esta discusión adquiere mayor dimensión por el escenario internacional. Estados Unidos y China compiten por asegurar el acceso a minerales esenciales para baterías, redes eléctricas, vehículos eléctricos, centros de datos y aplicaciones vinculadas con la defensa.
Brasil se encuentra en una posición privilegiada dentro de esa competencia debido a la diversidad de sus recursos minerales y a la escala de su industria.
Al mismo tiempo, mantiene una relación comercial de gran magnitud con China y busca profundizar la llegada de inversiones y acuerdos con compañías de países occidentales.
Brasil y Argentina, dos estrategias frente al mismo desafío
La competencia por los minerales críticos también genera un punto de comparación con Argentina. Ambos países buscan captar inversiones para desarrollar recursos estratégicos, aunque parten de estructuras mineras, industriales y empresariales diferentes.
Argentina concentra actualmente buena parte de sus expectativas en el litio y los grandes proyectos de cobre, con una estrategia fuertemente orientada a incrementar la producción y las exportaciones.
En ese esquema, el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) funciona como una de las principales herramientas para atraer capital hacia proyectos de gran escala.
Brasil, en cambio, cuenta con una estructura minera e industrial más diversificada y busca aprovechar esa base para avanzar sobre etapas posteriores de la cadena.
La diferencia entre ambos modelos resulta especialmente relevante en un mercado global donde el valor estratégico de un mineral ya no depende solamente de su disponibilidad geológica, sino también de la capacidad de procesarlo, transformarlo y convertirlo en insumos para industrias consideradas críticas.


















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