






Saravia Frías: “La minería necesita una mirada de estadista para transformar los recursos en desarrollo”
Salta Mining










Salta fue escenario este lunes de The Andean Bridge – Project Development Workshop, una jornada organizada por IN-VR y Saravia Frías Abogados que reunió a proyectos y compañías mineras del NOA con un objetivo concreto: prepararse para dar el próximo paso hacia el financiamiento y los mercados internacionales de capitales.
La apertura del encuentro, estuvo a cargo de Bernardo Saravia Frías y el secretario de Minería, Gustavo Carrizo. Durante su discurso, el abogado propuso una mirada que fue mucho más allá de las condiciones necesarias para acceder al financiamiento. A partir de la historia de la minería en Potosí, planteó una serie de desafíos que, a su entender, serán determinantes para que el desarrollo minero de la región andina pueda traducirse en crecimiento económico, infraestructura, empleo, arraigo y oportunidades para las próximas generaciones.
Saravia Frías comenzó destacando el rol que está desempeñando el secretario de Minería de Salta, Gustavo Carrizo, a quien definió como “una persona de acción” y como el tipo de funcionario que, según sostuvo, necesita la minería. En ese marco, planteó una aspiración de mayor integración del sector: que en el futuro exista “una mesa de la minería” que reúna las distintas actividades y proyectos, más allá de las actuales divisiones entre litio, cobre u otros minerales.


Pero el eje central de su exposición estuvo en la necesidad de aprender de la historia. Tomando la referencia de Carrizo a la memoria, la identidad y el futuro, Saravia Frías recurrió a la historia de Potosí para mostrar cómo las decisiones tecnológicas, económicas y políticas pueden transformar una región minera, pero también generar consecuencias que deben ser consideradas.
Potosí como lección para el presente
El abogado recordó el descubrimiento del Cerro Rico de Potosí en 1545 y explicó que, inicialmente, la explotación se apoyó en conocimientos y tecnologías originarias, entre ellas las llamadas guayrachinas, hornos de barro que aprovechaban la energía eólica de la cordillera.
Pero aquella tecnología tenía una limitación: funcionaba principalmente con minerales de alta ley. Cuando ese mineral comenzó a agotarse, alrededor de 1560, la continuidad de la actividad exigió un cambio tecnológico. Fue entonces cuando Saravia Frías destacó la intervención de Francisco de Toledo, virrey del Alto Perú, quien impulsó la incorporación de nuevas tecnologías para procesar minerales de menor ley. Entre ellas, recordó el método de amalgamación con mercurio desarrollado por Bartolomé de Medina en México.
La historia de Potosí, explicó, demuestra que la minería no se sostiene únicamente sobre la existencia de recursos naturales. También necesita tecnología, infraestructura, energía, conocimiento, mano de obra y capacidad de gestión.
La incorporación de represas y molinos hidráulicos permitió avanzar sobre minerales de menor calidad y transformar a Potosí en uno de los grandes centros productivos de su época. Pero aquella expansión también tuvo consecuencias económicas y sociales que, según Saravia Frías, deben ser revisadas desde la perspectiva actual.
“Fíjense lo que provocó el mal manejo de los recursos”, sostuvo al referirse a los efectos que tuvo aquella enorme expansión productiva sobre el gasto público, los precios y la inflación. La enseñanza, según su planteo, no consiste en mirar el pasado como una simple sucesión de acontecimientos, sino en utilizarlo para tomar mejores decisiones en el presente.
Infraestructura: el desafío de sacar la producción
Desde esa perspectiva histórica, Saravia Frías identificó el primer gran desafío para la minería del norte argentino: la logística y la infraestructura. “Se requiere logística e infraestructura”, afirmó, y planteó una pregunta que considera central para la región: cómo transportar la producción minera hacia Chile o hacia los puertos.
En ese punto, puso el foco en la infraestructura ferroviaria y en la necesidad de definir cómo los minerales podrán salir competitivamente de la región. Para el abogado, el desarrollo minero requiere una articulación efectiva entre el sector público y el privado. Una palabra que, reconoció, le resulta particularmente difícil de pronunciar por su origen teórico, pero que considera indispensable para el futuro de la actividad.
La minería, en su visión, no puede avanzar como un proceso aislado de las políticas de infraestructura del Estado.
Energía: la próxima competencia
El segundo desafío señalado fue la energía. Saravia Frías recordó que la minería histórica de Potosí utilizó la energía hidráulica y eólica como parte de sus procesos productivos. En el presente, sostuvo, la discusión energética adquiere una dimensión completamente diferente.
La minería no solo tendrá que competir por energía entre sus propios proyectos. También deberá hacerlo con nuevas industrias intensivas en consumo energético como la inteligencia artificial. “Vamos a competir. El sector minero va a competir no solamente entre las empresas mineras cuando esto empiece y empiece en serio, sino también con los data centers de la inteligencia artificial”, advirtió.
En ese escenario, puso especialmente en valor el potencial de la energía fotovoltaica de la Puna y planteó la necesidad de comenzar a pensar cómo aprovecharla para abastecer la producción minera.
La disponibilidad de energía, de esta manera, aparece como una condición estratégica para que los grandes proyectos puedan desarrollarse y, al mismo tiempo, para que la región pueda atraer nuevas inversiones industriales asociadas a la minería.
Arraigo y transferencia de conocimiento
El tercer punto estuvo relacionado con los recursos humanos y el arraigo, uno de los conceptos que también había destacado Carrizo durante la jornada. Saravia Frías planteó que el desafío de que el conocimiento permanezca en la región.
“Vamos al tercer tema, recursos humanos. Y acá el arraigo que destacaba el secretario, ¿cómo hacemos para que ese arraigo se profundice? ¿Cómo hacemos para que el inversor internacional y los proveedores internacionales vengan, puedan participar, pero ese expertise, ese conocimiento se pueda trasladar a los proveedores locales que puedan aprender, puedan competir y el día de mañana no solamente producir en esta región, sino pensar en el más allá, exportando sus servicios, ¿no?”, preguntó.
El objetivo, según explicó, debería ser que las empresas locales puedan incorporarse progresivamente a cadenas de valor cada vez más sofisticadas. Pero su visión va incluso más allá: que los proveedores que se desarrollen alrededor de la minería en el NOA puedan, en el futuro, exportar sus servicios y conocimientos a otros mercados.
De esta manera, la actividad minera podría convertirse en una plataforma para desarrollar capacidades empresariales y tecnológicas que permanezcan en la región incluso más allá de la vida útil de cada proyecto.
La propuesta de un fondo soberano
El cuarto desafío planteado por Saravia Frías fue, posiblemente, el más estructural: qué hacer con los recursos que genera la minería. “¿Cómo hacer para que esos recursos no se dilapiden y no queden aquí y ahora?”, planteó.
Su propuesta es avanzar hacia la creación de un fondo soberano para la región andina, pensado como un instrumento de carácter intergeneracional.
La idea consiste en evitar que los ingresos derivados de los recursos naturales sean utilizados exclusivamente para financiar el presente y establecer, en cambio, mecanismos que permitan transformar parte de esa renta en activos y oportunidades para las próximas generaciones. “Es un proyecto intergeneracional donde no se puede gastar todo aquí y ahora”, sostuvo.
Para Saravia Frías, el objetivo debería ser que el gasto derivado de la renta minera sea aplicado, concreto y proyectado hacia el futuro, de manera que la explotación de los recursos naturales deje capacidades permanentes en la región.
El capital como puente para el desarrollo minero
Finalmente, el abogado llegó al eje que motivó el encuentro: cómo financiar todo este proceso. Y allí ubicó al sector privado y a los mercados de capitales como una pieza fundamental. “Esta es la razón por la que estamos aquí”, afirmó al referirse a Andean Bridge, iniciativa que busca conectar los proyectos mineros de la región andina con inversores y fuentes internacionales de financiamiento.
La propuesta, explicó, consiste en construir un puente por el cual el financiamiento pueda llegar a los proyectos y, a partir de ellos, generar un efecto multiplicador sobre toda la actividad minera del norte. “Financiar con el mercado de capital, financiar con nuestros amigos desde Andean Bridge”, resumió. Pero su mirada sobre la región tampoco quedó limitada a las fronteras provinciales o nacionales.
Saravia Frías sostuvo que existe una unidad geográfica y económica andina que trasciende las divisiones administrativas. Desde Mendoza hasta Jujuy y más allá de las fronteras nacionales, afirmó, existe una región conectada por una misma geografía y por desafíos comunes. “La geografía es una. Los límites son, yo diría, falsos porque son arbitrarios”, sostuvo.
Por eso, su propuesta de una futura “mesa de la minería” no apunta solamente a reunir a los distintos minerales o actores de una provincia, sino a pensar una estrategia regional capaz de integrar infraestructura, energía, proveedores, capitales, conocimiento y políticas públicas.
En definitiva, el planteo de Saravia Frías fue que el verdadero desafío para el NOA no consiste solamente en extraer sus recursos minerales, sino en construir alrededor de ellos una estructura económica capaz de perdurar.
La historia de Potosí, utilizada como punto de partida, funcionó así como una advertencia y también como una oportunidad: la minería puede transformar profundamente una región, pero el resultado final dependerá de las decisiones que se tomen sobre tecnología, infraestructura, energía, conocimiento, renta y financiamiento.




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