Sampalione: “La minería está en las ciudades más profundas de Argentina, en situaciones muy adversas”

La directora ejecutiva de Newmont en Argentina destacó el impacto de la estabilidad macroeconómica sobre las inversiones mineras y reivindicó el vínculo de la actividad con las comunidades. 
Argentina21/08/2026Salta MiningSalta Mining
María Eugenia Sampalione, directora ejecutiva y Country Manager de Newmont.
María Eugenia Sampalione, directora ejecutiva y Country Manager de Newmont.

La minería volvió a ocupar un lugar central en la discusión sobre el crecimiento de la economía argentina. En una entrevista con Eduardo Feinmann en su programa de Radio Mitre, Alguien tiene que decirlo, María Eugenia Sampalione, directora ejecutiva y Country Manager de Newmont en Argentina, puso sobre la mesa uno de los factores que, quizás, menos se discuten cuando se habla del futuro de la actividad: la estabilidad.

Sus declaraciones llegan en un momento en el que la minería comienza a ganar peso dentro de la economía argentina, impulsada por las exportaciones, las nuevas inversiones y el desarrollo de proyectos de litio, oro y cobre. Pero detrás de los grandes números existe una característica que distingue a la actividad de buena parte de los sectores productivos: un proyecto minero no se piensa para los próximos dos o cuatro años. Se piensa para varias décadas.

“Sí, porque Argentina le estaba dando la espalda a este sector, es un sector que las provincias lo conocen muy bien, porque es el sector que le da esa estabilidad de 30 a 40 años, en términos de empleo, en términos de cadena de valor, en términos de contribuciones, en términos de regalía. Santa Cruz está teniendo un cambio de la actividad económica, producto un poco de que el petróleo se fue para Vaca Muerta, y hoy resurge la minería como el sector que le da estabilidad a la provincia, empleando a 10.000 familias, empleos directos, con la regalía que aporta hoy la minería a la provincia”, planteó Sampalione durante la entrevista.

La frase sintetiza uno de los principales desafíos que enfrenta la Argentina si pretende transformar su potencial geológico en una verdadera plataforma de desarrollo minero.

La estabilidad, en este sentido, no significa únicamente estabilidad de precios o previsibilidad cambiaria. Para una industria intensiva en capital, implica también reglas claras, acceso a divisas, posibilidad de importar equipos, seguridad jurídica y condiciones que permitan tomar decisiones de inversión con un horizonte de largo plazo.

"Entonces, esta estabilidad macroeconómica te permite, en lugar de pensar en la coyuntura, pero nosotros siendo un sector 90% exportador, en otras épocas teníamos que pedir autorizaciones para importar maquinaria, solamente importamos el 10%. En todo el tema de las retenciones mineras, hoy se traduce en más inversión en exploración, en más inversión en la extensión de los yacimientos. Entonces, hablamos de estabilidad porque la minería es muy sensible a esa estabilidad. 40 años de un proyecto minero, hablamos de 10 épocas, 10 periodos de gobierno. Entonces, hay que entender esa estabilidad. Pero además, porque esto garantiza el desarrollo de las comunidades", remarcó la ejecutiva.

Sampalione explicó que la mayor previsibilidad permite que las compañías vuelquen recursos hacia la exploración y la ampliación de los yacimientos. Y allí aparece una cuestión fundamental: la inversión minera no termina cuando comienza la producción. La continuidad de los proyectos requiere exploración permanente, infraestructura, tecnología, proveedores, capacitación y nuevas inversiones durante toda la vida útil del yacimiento.

"La minería está en las ciudades más profundas de Argentina, en situaciones muy adversas, climáticas, en altura en algunos casos. En Santa Cruz tenemos el tema del viento, del clima, de la nieve. Entonces es un sector que las comunidades conocen muy bien y la verdad que tenemos una muy buena relación con la comunidad", afirmó.

Uno de los momentos más interesantes de la entrevista surgió cuando Eduardo Feinmann planteó directamente una de las principales dificultades que todavía enfrenta la actividad: la percepción negativa que existe en parte de la sociedad sobre la minería.

"El problema, María Eugenia, es que, qué sé yo, no sé si es por mala prensa o por qué, pero, a ver, por lo general en la sociedad está instalado que la minería contamina y mata", planteó el periodista.

Sampalione reconoció que existe una deuda de comunicación por parte de la propia industria. “También hacemos un mea culpa porque nosotros como minería hemos sido muy violentadas, muy castigadas. Pensá que hasta la mujer estaba prohibida en la minería. Era un tabú tener a la mujer en la minería”, señaló. Y puso como ejemplo una transformación que hasta hace algunas décadas parecía impensada: la participación de las mujeres en la actividad.

Según explicó, durante mucho tiempo la presencia femenina fue prácticamente un tabú dentro de los yacimientos, una realidad que comenzó a cambiar a partir de la transformación de las prácticas laborales, los estándares de seguridad, la incorporación de tecnología y una mayor capacitación y formación.

"Eso, por suerte, se ha revertido gracias a que, ya te digo, las prácticas no sólo ambientales, sociales, de respeto en el lugar del trabajo, en materia de seguridad, de inversión tecnológica, de capacitación, de formación. Cuando vos entraste en un yacimiento, es una ciudad", destací.

Pero para Sampalione, hablar de minería también implica comprender qué sucede dentro de un yacimiento. “Cuando vos entrás en un yacimiento, es una ciudad”, explicó. Una operación de grandes dimensiones necesita agua, cloacas, energía, caminos, servicios y toda una infraestructura capaz de sostener diariamente a miles de personas.

“Una ciudad con agua, cloacas, energía, todo funciona y funciona bien porque tenés casi 3.000 a 4.000 personas habitando todos los días, entrando y saliendo. Los caminos de la minería son caminos que muchos poblados de la Argentina quisieran tener y esos son inversiones, eso es un proyecto, eso es confiar en que es un sector que puede realmente transformar la territoria. Lo que vos dices es cierto, tenemos que salir a comunicar más lo que hacemos, cómo lo hacemos, pero la verdad es que nuestro interés siempre estuvo focalizado en las provincias”, sostuvo Sampalione, quien definió esas inversiones como una muestra de que la actividad puede “realmente transformar el territorio”.

Y allí aparece uno de los puntos que, desde Salta Mining, consideramos centrales: la discusión sobre minería no puede quedar reducida a cuánto extrae una empresa. También debe analizarse qué infraestructura construye, qué proveedores incorpora, cuánto empleo genera, qué capacidades deja instaladas y cómo se vincula con las comunidades durante los 20, 30 o 40 años que puede durar un proyecto.

"Vos hablas a cualquier provincia que es minera y te va a hablar bien de la minería porque somos, como yo siempre digo, el inquilino perfecto. Nosotros pagamos las cuentas todos los meses. Es más, gracias a esta estabilidad nosotros anunciamos una inversión de 800 millones de dólares en febrero y fue un hecho en el primero de marzo. O sea, en tres meses ya teníamos los contratos locales por 90 millones de dólares, 330 empleados más adentro de la mina. O sea, la minería cuando vos le das estabilidad, le das confianza, te permite un poco también dedicarte a crear más y mejor", amplió Sampalione.

La reflexión es relevante. La minería no puede pretender que la sociedad comprenda una actividad compleja si no explica con claridad cómo trabaja, qué controles existen, qué inversiones realiza y cuáles son sus resultados. Pero esa comunicación tampoco debería construirse únicamente desde el discurso corporativo: debe incluir a trabajadores, proveedores, comunidades, universidades, gobiernos y especialistas independientes.

Desde Salta Mining entendemos que esa es, precisamente, una de las discusiones que la Argentina debe profundizar: no se trata de elegir entre minería o desarrollo, sino de construir las condiciones para que la minería sea una herramienta efectiva de desarrollo. Y para eso, la estabilidad es necesaria, pero no suficiente. También hacen falta comunidades informadas, empresas responsables, controles ambientales sólidos, proveedores locales competitivos y una política de largo plazo que permita que los beneficios de una inversión minera se multipliquen en el territorio.

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