






El petróleo baja, el combustible no: la incertidumbre que castiga a la logística y pone en duda las reglas del mercado
Salta Mining








Durante los momentos de mayor tensión en Medio Oriente, el mensaje fue "si el petróleo sube, los combustibles inevitablemente deben aumentar". El mercado aceptó esa lógica y las empresas de transporte, operadores logísticos, productores agropecuarios y toda la cadena de distribución recalcularon sus presupuestos para enfrentar incrementos cercanos al 30% en apenas unos meses.
La guerra entre Estados Unidos e Irán, junto con el riesgo de cierre del estratégico estrecho de Ormuz, alimentó el temor a una interrupción del suministro mundial de crudo. Ese escenario impulsó el precio internacional del barril y sirvió de fundamento para los aumentos que aplicaron las petroleras en Argentina. Pero el escenario cambió.
El conflicto perdió intensidad, el estrecho volvió a operar y el barril Brent retrocedió hasta ubicarse nuevamente en torno a los 70 dólares, casi el mismo nivel que registraba antes de la escalada bélica y el más bajo de los últimos cuatro meses. Sin embargo, esa baja todavía no encuentra reflejo en los surtidores argentinos.




Las petroleras sostienen que el mercado local funciona bajo un esquema de "buffer de precios", diseñado para amortiguar la volatilidad internacional. En otras palabras, los aumentos no deberían trasladarse completamente cuando el petróleo sube, ni las bajas aplicarse de manera automática cuando el barril cae. En la práctica, sin embargo, esa teoría genera cuestionamientos.
Las empresas de logística observaron que cuando el crudo escaló, los incrementos llegaron rápidamente a sus costos operativos.

Hoy, con el petróleo nuevamente en valores similares a los de comienzos de año, la esperada corrección no aparece y los presupuestos continúan tensionados por un combustible que sigue siendo uno de los principales componentes del costo del transporte.
Para el sector logístico la discusión trasciende algunos pesos por litro. El combustible representa entre el 35% y el 45% de los costos operativos de muchas empresas de transporte de cargas. Cada aumento impacta directamente en las tarifas, en la competitividad de las economías regionales y en el precio final que pagan industrias, comercios y consumidores.
La falta de una reducción genera además un problema de expectativas. Muchas compañías habían postergado decisiones comerciales esperando que la normalización del mercado internacional se reflejara en los surtidores. Esa expectativa hoy quedó en suspenso.
Desde las petroleras explican que durante los meses de mayor volatilidad no trasladaron completamente el costo internacional y que ahora buscan recomponer márgenes mediante un sistema de compensación. A ello se suma otro factor determinante: el atraso acumulado en los impuestos nacionales sobre los combustibles. El Gobierno mantiene pendientes actualizaciones que, de aplicarse plenamente, volverían a presionar sobre los precios finales.
En consecuencia, el valor que paga el consumidor ya no responde exclusivamente al comportamiento del petróleo. Intervienen la política tributaria, las estrategias comerciales de las refinadoras y un esquema de precios internos que cada vez se encuentra más desacoplado de las referencias internacionales.
La paradoja es evidente, cuando el barril subió, el mercado incorporó rápidamente el argumento del costo internacional. Ahora que el petróleo volvió a retroceder, la explicación cambia y aparecen nuevos factores que justifican mantener los precios.
Falta de reglas claras
Para quienes producen, transportan y distribuyen mercaderías, el problema no es solamente cuánto cuesta el combustible, sino la dificultad para anticipar cómo evolucionará. Sin reglas claras y previsibles, elaborar presupuestos, cerrar contratos o proyectar inversiones se vuelve una tarea cada vez más compleja.
La discusión, entonces, va más allá del precio de los combustibles y apunta a la credibilidad de un sistema donde las subas parecen tener una velocidad distinta a la de las bajas. Mientras el petróleo vuelve a niveles previos a la crisis internacional, miles de empresas siguen esperando que esa realidad también llegue a los surtidores.






CAEM, la Universidad Nacional de Catamarca y el Senado impulsan una agenda común para formar el talento que demanda la minería

Qué cambia con la Ley de Modernización Laboral: CAEM organiza una charla clave para la minería argentina

Producción de litio en Argentina creció 45,1% en mayo y las exportaciones superaron los US$187 millones

La producción minera volvió a crecer en mayo y alcanzó uno de los mejores desempeños de la economía

Argentina y Chile reactivan el Tratado Minero de 1997 para acelerar proyectos de cobre y litio en la frontera











UPATECO y UOCRA lanzan capacitaciones para generar empleo en la minería de Salta

First Quantum analiza vender una participación de Taca Taca y sumar un socio al megaproyecto de cobre

Fuertes vientos en la Puna: la ruta nacional 51 presenta serias complicaciones para el tránsito minero

Salta Mining Summit 2026: el gran encuentro que pone a la minería salteña en el centro de la agenda nacional

El oro arrastra a las grandes mineras: el sector pierde US$228.000 millones en tres meses

Cerca de 1.000 personas participaron del sorteo de Salta Mining y Nuevo Bus: ya se conocen los ganadores de las camisetas de la Selección Argentina

El mercado del litio cambia de tendencia: los precios alcanzan su nivel más alto desde 2023 y mejoran las perspectivas para Argentina

Orestone amplía la exploración del proyecto Francisca y refuerza la búsqueda de oro y plata en Salta

Jaguar Uranium avanza en Mendoza: los primeros trabajos en Huemul revelan nuevos indicios de uranio, cobre y vanadio

Salta será escenario este jueves del Salta Mining Summit 2026, el evento minero más importante del NOA






