El empleo minero creció casi un 50% en Argentina en los últimos diez años

En 2016, la minería argentina empleaba a 77.700 personas, mientras que en 2026 supera los 116.000 trabajadores registrados, consolidando a la actividad que menos empleo informal generó en el interior.
Argentina23/05/2026Salta MiningSalta Mining
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El sector pasó de emplear a 77.700 personas en 2016 a superar los 116.000 trabajadores en 2026.

Mientras gran parte de la economía argentina todavía convive con altos niveles de informalidad y dificultades para generar empleo privado sostenido, la minería atraviesa un proceso distinto. En los últimos diez años, el sector pasó de emplear a 77.700 personas en 2016 a superar los 116.000 trabajadores en 2026. El crecimiento equivale a más de 38.000 nuevos puestos de trabajo en una década, una expansión cercana al 49,3%, en una actividad que además se caracteriza por tener salarios por encima del promedio y niveles mínimos de informalidad.

El dato adquiere una dimensión todavía más relevante cuando se observa dónde ocurre ese crecimiento. Catamarca, Santa Cruz, San Juan, Jujuy y Salta concentran buena parte de esa expansión laboral. Son provincias donde el empleo privado formal de calidad suele ser escaso y donde cada nuevo puesto de trabajo tiene un impacto económico y social mucho más profundo que en los grandes centros urbanos del país.

Según los datos del informe desarrollado por la Cámara de Empresas Mineras (CAEM) “Diez años de empleo minero en el interior del país”, la minería logró consolidar uno de los mercados laborales más formales de la economía argentina. En un país donde más del 35% de los trabajadores se desempeña en la informalidad, el sector exhibe una tasa de empleo no registrado de apenas 1,3%. La diferencia marca una de las principales características de la actividad: empleo registrado, estabilidad laboral y salarios competitivos.

El documento también señala que el salario promedio minero alcanza niveles muy superiores al promedio del empleo privado registrado. Actualmente, un trabajador minero percibe ingresos equivalentes a 2,5 veces el salario promedio de los asalariados formales del país. En regiones donde muchas veces predominan economías informales o empleos estacionales, ese diferencial salarial se transforma en un factor determinante para el desarrollo económico local.

La expansión del empleo no ocurrió de manera aislada ni repentina. Detrás de las cifras hay proyectos que tardaron años en desarrollarse, inversiones multimillonarias y una cadena de proveedores que fue creciendo junto con la actividad. Solo en el último año, el empleo minero creció un 10,6%, incluso en un contexto donde otras actividades todavía mostraban dificultades para recuperar dinamismo. El crecimiento estuvo impulsado principalmente por el avance de proyectos vinculados al litio y al cobre, dos minerales que hoy ocupan un lugar estratégico en la transición energética global.

En el norte argentino, particularmente en Salta, Jujuy y Catamarca, el desarrollo del litio comenzó a modificar el mapa económico regional. La llegada de inversiones internacionales, la construcción de nuevas plantas y la expansión de servicios asociados generaron una demanda creciente de mano de obra, tanto directa como indirecta. A eso se suma el potencial del cobre, especialmente en San Juan y Catamarca, donde varios proyectos de gran escala avanzan hacia etapas decisivas.

El informe destaca que los proyectos actualmente en desarrollo representan una oportunidad concreta para continuar ampliando la base laboral minera en los próximos años. La consolidación de nuevas operaciones podría profundizar el impacto económico en provincias que históricamente enfrentaron limitaciones estructurales para diversificar sus economías.

Sin embargo, dentro del sector también advierten que sostener esta tendencia no es automático. El crecimiento logrado durante la última década fue el resultado de condiciones construidas durante años: previsibilidad, acuerdos institucionales, estabilidad para las inversiones y reglas claras para el desarrollo de proyectos de largo plazo. La minería, por sus tiempos y escalas, depende de procesos que requieren continuidad y planificación.

Por eso, la discusión hacia adelante ya no parece centrarse en si la minería genera empleo, sino en qué condiciones necesita el país para sostener y ampliar ese crecimiento. El propio informe lo resume en una pregunta que atraviesa hoy a toda la industria: “La pregunta relevante no es si la minería genera trabajo. Es si el país va a construir las condiciones para que ese trabajo siga creciendo”.

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