La EET 3.106 "Ing. Maury" y el desafío de formar a los técnicos que necesita la nueva Salta minera

La histórica institución de Campo Quijano celebra 51 años en un contexto donde la educación técnica vuelve a ocupar un lugar estratégico. Entre la expansión minera, la automatización industrial y la demanda de mano de obra calificada, la EET se consolida como un actor clave para el desarrollo productivo.
Salta15/05/2026Salta MiningSalta Mining
Escuela Técnica Ing. Maury
Escuela Técnica Ing. Maury

La Escuela de Educación Técnica N° 3106 “Ingeniero Ricardo Fontaine Maury”, de Campo Quijano, cumple 51 años convertida en mucho más que una institución educativa. En tiempos donde Salta atraviesa una transformación económica impulsada por la minería, la energía y la industrialización de servicios, la histórica “Maury” aparece como un símbolo de una discusión cada vez más urgente y que apunta a quiénes van a ocupar los puestos de trabajo que demandará el nuevo modelo productivo de la provincia.

Durante décadas, la educación técnica ocupó un lugar secundario dentro de las prioridades educativas. Sin embargo, la realidad económica comenzó a modificar esa mirada. Hoy, los proyectos de litio en la Puna, el avance de iniciativas vinculadas al cobre y el crecimiento de actividades industriales asociadas requieren técnicos capacitados en electromecánica, automatización, metalmecánica, mantenimiento industrial, energía y nuevas tecnologías. Allí es donde instituciones como la Técnica Ing. Maury adquieren una dimensión estratégica.

Un poco de historia

La escuela nació en 1975 bajo el nombre de “Escuela Técnica N°16”, en un contexto donde Campo Quijano todavía era una localidad marcada principalmente por la actividad ferroviaria y la producción tradicional. Aquellos primeros años estuvieron atravesados por la precariedad y el esfuerzo colectivo. Las clases funcionaron en distintos espacios prestados, desde la actual Casa de la Cultura hasta aulas improvisadas en otros edificios públicos. Los talleres, núcleo central de toda escuela técnica, también se sostuvieron gracias al compromiso comunitario.

Con el tiempo, la institución logró consolidar su infraestructura y construir una identidad propia profundamente ligada al trabajo, la producción y la formación práctica. Hoy, más de medio siglo después, la Técnica Ing. Maury sigue siendo una referencia educativa para cientos de jóvenes del Valle de Lerma.

Pero este nuevo aniversario encuentra a la escuela en un escenario completamente diferente al de sus orígenes. Campo Quijano dejó de ser solamente un pueblo ferroviario para convertirse en un punto estratégico dentro del corredor logístico hacia la Puna salteña. La cercanía con los proyectos mineros posicionó a la localidad en el centro de una transformación económica que ya impacta en el mercado laboral y en las necesidades de capacitación.

Las empresas mineras requieren cada vez más perfiles técnicos específicos. Soldadores especializados, técnicos electromecánicos, operadores industriales, especialistas en automatización y mantenimiento son algunos de los puestos más demandados. La dificultad, sin embargo, sigue siendo la misma, la oferta de mano de obra calificada todavía no alcanza para cubrir el crecimiento proyectado del sector.

En ese contexto, la escuela técnica aparece como una herramienta concreta de movilidad social y arraigo. Muchos estudiantes encuentran allí una salida laboral real y cercana, evitando la migración o el trabajo informal. La formación técnica ya no representa únicamente un título secundario, sino una puerta de acceso a empleos calificados en sectores de alto crecimiento.

Los desafíos

La EET Ing Maury entendió además que el desafío actual no pasa solamente por conservar tradiciones, sino por adaptarse a la velocidad de los cambios tecnológicos. Una muestra de ello fue la incorporación del aula móvil de Schneider Electric, empresa líder mundial en automatización y gestión energética. Durante varios meses, alumnos y docentes pudieron trabajar con equipamiento industrial de última generación, acercándose a tecnologías que hoy forman parte del funcionamiento cotidiano de la industria minera y energética.

Este tipo de articulaciones entre educación y sector privado marcan el camino que comienza a imponerse en todo el país: escuelas técnicas conectadas con las necesidades reales del sistema productivo.

La pandemia también dejó una experiencia que reveló el verdadero potencial de estas instituciones. Durante la emergencia sanitaria, docentes, alumnos y ex alumnos de la Maury fabricaron portasueros metálicos destinados al sistema de salud pública. Aquella respuesta mostró que los talleres escolares no solo forman estudiantes, sino que también pueden convertirse en espacios de producción y asistencia comunitaria frente a situaciones críticas.

Otro de los aspectos que fortalece la identidad institucional son los premios “Maury de Hierro”, creados para reconocer a docentes, trabajadores y referentes que dejaron huella en la historia de la escuela. La iniciativa busca preservar la memoria institucional y destacar el valor del capital humano que sostuvo el crecimiento de la entidad durante más de cinco décadas.

Sin embargo, el crecimiento de la demanda educativa también deja al descubierto viejos problemas. La cantidad de aspirantes supera muchas veces la capacidad edilicia disponible y la actualización tecnológica exige inversiones permanentes. La minería moderna demanda técnicos preparados para trabajar con automatización, digitalización, normas ambientales y energías renovables. Eso obliga a repensar infraestructura, conectividad y equipamiento.

Frente a un contexto de país en el que existen recortes presupuestarios para la educación, especialmente la del tipo técnico, la Escuela Ing. Maury tiene convenio con más de 20 empresas del medio, que le permite mantener y actualizar los elementos con los que trabajan los estudiantes.

A sus 51 años, la institución representa ya es parte de la identidad de Campo Quijano y un actor estratégico en el futuro económico de Salta. Porque detrás del crecimiento minero y de las cifras millonarias de inversión existe una realidad menos visible pero determinante: sin educación técnica sólida, moderna y conectada con el mundo productivo, no habrá desarrollo sostenible ni oportunidades reales para las nuevas generaciones salteñas.

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