






Argentina Mining Norte 2026: "La discusión comienza a desplazarse desde el recurso y las inversiones, hacia las personas y el territorio"









La apertura de Argentina Mining Norte 2026 dejó planteada una pregunta que probablemente sea una de las más relevantes para la minería del NOA en los próximos años: ¿cómo hacer para que el crecimiento de la actividad minera se convierta efectivamente en desarrollo?
Durante décadas, buena parte del debate minero argentino estuvo concentrado en el potencial geológico, en la necesidad de atraer inversiones y en la posibilidad de poner en producción los enormes recursos existentes. Hoy el escenario es diferente. Salta ya no habla solamente de lo que podría producir; tiene minas en operación, proyectos en construcción y una cartera de exploración que amplía las expectativas sobre el futuro.
Por eso, los discursos de la primera jornada tuvieron un denominador común que merece ser observado, la discusión comenzó a desplazarse desde el recurso hacia las personas y el territorio.


Juan Martín Gilly, presidente de la Cámara de Minería de Salta, fue probablemente quien mejor sintetizó esa transición al plantear que el desafío consiste en transformar los recursos geológicos en desarrollo. Su diagnóstico parte de una realidad concreta: Salta cuenta actualmente con siete minas en producción, proyectos en construcción y más de 30 iniciativas en distintas etapas de exploración. Pero ese crecimiento, advirtió, no puede ser interpretado como un punto de llegada. Y allí aparece una primera cuestión estructural, sin exploración no hay minería futura.
La actividad que hoy genera empleo, exportaciones y proveedores es consecuencia de inversiones realizadas años atrás. Por eso, sostener la minería requiere continuar explorando, agilizar procesos administrativos sin resignar controles y conservar condiciones capaces de competir por capitales frente a otras provincias y países mineros. Gilly puso además sobre la mesa una cuestión que muchas veces queda relegada frente al anuncio de grandes inversiones, y son las rutas, la energía, el gas, la conectividad y y el ferrocarril. Todos estos factores son parte del negocio minero y, al mismo tiempo, constituyen la infraestructura necesaria para el desarrollo regional.
El proveedor dejó de ser un actor secundario
El segundo mensaje fuerte surgió desde quienes representan a las empresas que deben abastecer a la industria.
Federico Russo, titular de CAPEMISA, colocó a los proveedores locales en el centro de la discusión. La expansión minera necesita empresas capaces de acompañar el crecimiento, incorporar tecnología, profesionalizarse y formar trabajadores. Pero también necesita infraestructura que permita que esas empresas sean competitivas.
Aquí aparece una de las contradicciones que deberá resolver el NOA. Se pretende que la minería genere desarrollo local, pero las empresas que buscan integrarse a esa cadena de valor necesitan condiciones competitivas para hacerlo.
No alcanza, entonces, con pedirle a una pequeña empresa que crezca. Hay que preguntarse qué financiamiento tiene, qué tecnología puede incorporar, qué capacitación recibe, qué costos logísticos enfrenta y qué posibilidades reales tiene de competir por una contratación.
La discusión sobre proveedores empieza a dejar de ser un reclamo sectorial para transformarse en una discusión sobre el modelo de desarrollo minero.
La Puna pide una puerta de entrada
Gabriela Miranda, presidenta de CAPROSEMITP, llevó esa discusión todavía más lejos al poner el foco en los pequeños emprendedores de la Puna.
Su planteo contiene una advertencia que no debería pasar inadvertida. No se puede exigir a una empresa que recién comienza que compita en igualdad de condiciones con compañías que llevan años operando. Los emprendedores puneños enfrentan distancias, dificultades de financiamiento, falta de equipamiento y escasas posibilidades de adquirir experiencia. Por eso reclamó algo tan sencillo como complejo, una primera oportunidad.
La idea tiene implicancias profundas, porque si la minería pretende construir una cadena de valor local, deberá necesariamente generar mecanismos que permitan que nuevos actores ingresen a ella. De lo contrario, existe el riesgo de que el crecimiento de la producción conviva con una concentración de las oportunidades económicas en empresas que ya están consolidadas.
La propuesta de Miranda de construir una mesa donde participen mineras, contratistas, proveedores, emprendedores, Estado y comunidades apunta precisamente a resolver esa brecha.
El verdadero termómetro: la vida cotidiana
El ministro de Producción y Minería de Salta, Ignacio Lupión, terminó de completar el cuadro con una definición que puede convertirse en una de las claves políticas de esta nueva etapa: el crecimiento debe producirse “con otros y no a costa de otros”. La frase resume una discusión que excede ampliamente a la minería.
Lupión sostuvo que los minerales son fundamentales para procesos globales como la transición energética, la electromovilidad, la digitalización y la inteligencia artificial. Salta, por sus recursos, tiene una oportunidad extraordinaria en ese escenario. Pero el funcionario también remarcó que disponer de recursos naturales no alcanza, hay que transformarlos en empleo, capacitación, empresas, infraestructura y mejores oportunidades para los salteños.
También debería medirse en cuántos jóvenes pueden conseguir un empleo formal sin abandonar su comunidad; cuántas empresas locales logran convertirse en proveedores; cuántos emprendedores consiguen su primera contratación; cuánto mejora la infraestructura; y cuánto valor permanece en los territorios donde se extraen los recursos. Ese parece ser el cambio conceptual más importante que dejó la primera jornada.
De la promesa minera a la responsabilidad minera
Durante mucho tiempo, hablar de minería en Salta implicaba hablar de potencial. Hoy ese potencial comenzó a convertirse en producción. El propio Gilly marcó esa diferencia al señalar que lo que durante años fue considerado una expectativa geológica ahora constituye una realidad productiva. Pero justamente por eso las exigencias también son mayores.
Cuando la minería era una promesa, bastaba con mostrar el potencial. Cuando comienza a consolidarse como industria, aparece la obligación de responder qué deja esa industria detrás de sí. Aquí entra en juego la infraestructura.
No es posible pensar en una minería competitiva con rutas insuficientes, problemas de conectividad, limitaciones energéticas o una red ferroviaria que no responda a las necesidades productivas. Russo y Gilly coincidieron en señalar la necesidad de avanzar en rutas, energía, gas, conectividad y ferrocarril.
La minería necesita infraestructura para crecer, pero la región necesita esa misma infraestructura para diversificar su matriz productiva. Ese puede ser uno de los mayores legados posibles del actual ciclo minero.
Una cadena de valor más inclusiva
La primera jornada de Argentina Mining Norte 2026 dejó, en definitiva, una fotografía diferente de la minería salteña. Hay entusiasmo por las inversiones, naturalmente. Hay expectativas por el litio, el cobre, el oro y la plata. Hay proyectos que pueden cambiar la escala productiva de la provincia. También hay una demanda mundial creciente de minerales estratégicos, y existe una oportunidad concreta para el NOA.
Pero los propios protagonistas del sector parecen advertir que el verdadero desafío comienza después del anuncio de inversión.
La cuestión será construir una cadena de valor suficientemente amplia para que ese crecimiento no quede limitado a las grandes compañías. Que alcance a los proveedores, incorpore a los pequeños emprendedores, que genere capacitación y empleo, fortalezca a las comunidades y que impulse una infraestructura que sirva también para otras actividades económicas.
La minería salteña parece haber ingresado en una etapa en la que deberá demostrar qué capacidad tiene la para convertir los recursos en desarrollo. Probablemente, sea el debate más importante que el Argentina Mining Norte 2026 haya puesto sobre la mesa en su primera jornada.






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