Desde el Chaco salteño a la minería: la historia de LHAKA, una cooperativa wichí que se prepara para ser proveedor minero

A casi 360 kilómetros de Salta capital, en una comunidad wichí, una fábrica textil se convirtió en una empresa con capacidad industrial, clientes de primera línea, procesos de calidad y una mirada puesta en la minería.
Salta11/08/2026Salta MiningSalta Mining
La minería abre una nueva puerta para LHAKA, la fábrica wichí que aprendió a competir
La minería abre una nueva puerta para LHAKA, la fábrica wichí que aprendió a competir.

Hay lugares de Salta donde las distancias se miden de otra manera. Donde una ruta, la falta de transporte, la ausencia de servicios básicos y cientos de kilómetros de separación de los grandes centros urbanos pueden convertirse en una barrera casi infranqueable para acceder a un empleo formal. En ese contexto nació LHAKA, la marca de la Cooperativa de trabajo San Ignacio de Loyola, instalada dentro de una comunidad wichí del Chaco salteño, cerca de Hickman.

Allí, donde podría parecer difícil imaginar una fábrica capaz de abastecer grandes clientes, funciona un taller textil que produce miles de prendas por temporada y que hoy quiere dar un nuevo paso: convertirse en proveedor de la industria minera.

LHAKA significa “nuestro” en lengua wichí. Y la palabra no es solamente un nombre comercial. Es una definición de pertenencia, de identidad y también de una forma diferente de entender el desarrollo. La fábrica se construyó sobre esa idea: que una comunidad no tiene que ser destinataria permanente de asistencia, sino que puede generar trabajo, formar personas, producir, competir y construir su propio futuro.

Lucía Holzman, diseñadora de indumentaria formada en la UBA y con experiencia en empresas textiles reconocidas, conoció el proyecto hace aproximadamente cinco años. El vínculo con la cooperativa y con Viviana Segovia, coordinadora del taller, terminó convirtiéndose en mucho más que una experiencia profesional. Hoy forma parte del equipo que conduce LHAKA y acompaña el proceso de transformación de aquel pequeño taller en una unidad productiva con aspiraciones cada vez mayores.

De la asistencia al trabajo

La historia comenzó hace 13 años, a partir de un pedido de ayuda realizado por el cacique de la comunidad, Dino Salas, a Aldo Navilli, propietario de Molinos Cañuelas. El objetivo inicial era encontrar una alternativa frente a una realidad marcada por profundas necesidades sociales: problemas de alimentación, dificultades de acceso a la salud y educación y una situación económica extremadamente vulnerable.

Pero el proyecto no empezó directamente con máquinas de coser. Antes hubo huertas, artesanías, producción de ladrillos y diferentes iniciativas que no lograron consolidarse. Finalmente apareció la industria textil como una posibilidad concreta para construir una fuente de trabajo estable.

“Lo bueno del rubro textil es que es un oficio que se puede aprender. Cualquiera puede aprender”, explicó Holzman durante el vivo de Salta Mining. La capacitación fue, desde entonces, uno de los pilares del proyecto.

El primer taller comenzó con apenas una decena de personas. Hoy el plantel fluctúa entre 60 y 65 trabajadores, con más del 60% perteneciente a la comunidad wichí y también integrantes de comunidades cercanas. Hace cinco años, además, la cooperativa abrió sus puertas a trabajadores criollos de la zona.

La transformación fue progresiva. Un punto de inflexión llegó cuando LHAKA consiguió su primer gran cliente: Jumbo. Después llegaron Carrefour, Chango Más y otros grandes compradores. Los pedidos crecieron, y con ellos también la necesidad de incorporar trabajadores y ampliar la estructura.

Hoy producen ropa de moda, uniformes y ropa de trabajo. Han confeccionado prendas para grandes cadenas comerciales, uniformes para los centros de distribución de Molinos Cañuelas y pantalones para la Policía de Salta, entre otros productos. En las temporadas de supermercados llegaron a manejar volúmenes de entre 10.000 y 12.000 prendas, e incluso alcanzaron las 15.000.

El equipo de LHAKA, protagonista de un modelo productivo que combina inclusión, capacitación y trabajo formal.
El equipo de LHAKA, protagonista de un modelo productivo que combina inclusión, capacitación y trabajo formal.

Una fábrica en medio del monte

La imagen es potente: una fábrica textil industrial emplazada en una comunidad originaria, en una zona donde hasta algo tan cotidiano como tomar un colectivo puede convertirse en un problema.

La frecuencia del transporte público es escasa. Por eso, la propia cooperativa cuenta con un colectivo que traslada a trabajadores desde localidades cercanas. También presta un servicio para llevar a los niños de la comunidad hasta una escuela rural ubicada a cinco kilómetros.

La actividad de LHAKA, entonces, no termina en las paredes del taller. Genera movimiento alrededor: transporte, viandas, proveedores, logística y nuevos intercambios económicos. Una persona del pueblo cercano prepara diariamente unas 60 viandas para los trabajadores.

Y hay algo todavía más profundo: para muchos trabajadores, ese empleo formal fue el primero de sus vidas.

Holzman contó que algunos de los trabajadores wichí que nunca habían tenido un empleo formal pudieron, a partir de sus primeros ingresos, comprar un colchón, una heladera o una bicicleta. Son compras que en otro contexto podrían parecer pequeñas. Allí adquieren otra dimensión: representan la posibilidad concreta de mejorar las condiciones de vida a partir del propio trabajo.

Ese es quizás uno de los aspectos más fuertes de la historia de LHAKA: la inclusión no se limita a incorporar personas a una fábrica; significa darles herramientas para que puedan construir autonomía económica.

La planta textil de LHAKA cuenta con múltiples puestos de trabajo y maquinaria industrial para la confección de indumentaria.
La planta textil de LHAKA cuenta con múltiples puestos de trabajo y maquinaria industrial para la confección de indumentaria.

“No queremos que nos compren por ser una comunidad”

La frase que mejor resume el momento actual de LHAKA probablemente sea una de las más contundentes de la entrevista.

“No queremos que los clientes nos compren o no nos elijan solo por el hecho de estar en una comunidad o por ser parte de una comunidad”, planteó Segovia. “Creemos que estamos a la altura de los requerimientos del cliente. Tenemos la formación, la capacitación, la preparación, la estructura”.

Ese cambio de mirada es fundamental.

Porque la historia de LHAKA comenzó asociada a una necesidad social. Pero 13 años después, la cooperativa quiere que su próxima etapa esté definida por otra palabra: competitividad.

La empresa trabaja con clientes que exigen cumplimiento, calidad, volúmenes, tiempos de entrega y especificaciones técnicas. Cuenta con sectores diferenciados de corte, producción, calidad y despacho, líneas de fabricación, responsables de cada área y maquinaria industrial. Cada prenda atraviesa un proceso organizado y controlado antes de llegar al cliente.

También hubo una fuerte inversión en capacitación. Parte del personal viajó a Buenos Aires para formarse en empresas del sector y el equipo buscó incorporar conocimiento de referentes de la industria textil.

La logística, otro desafío evidente por la ubicación geográfica, también fue resuelta. LHAKA desarrolló acuerdos de transporte para recibir telas e insumos y despachar la producción hacia distintos destinos.

El próximo desafío: la minería

Ahora aparece un nuevo horizonte.

LHAKA quiere ingresar al entramado productivo de la minería salteña, no solamente como una posibilidad comercial, sino como parte de una estrategia de crecimiento vinculada al desarrollo local.

“Nosotros ahora queremos apostar mucho a la industria local. Porque estamos en Salta. Apuntar al rubro minero que nos interesa un montón porque está creciendo y porque somos locales”, explicó Segovia.

La oportunidad es enorme. La minería no demanda únicamente bienes y servicios directamente vinculados a la extracción de minerales. Alrededor de cada proyecto existe una extensa cadena de contratistas, constructoras y proveedores.

Para LHAKA, la ropa de trabajo es precisamente una de las áreas en las que viene trabajando desde hace aproximadamente dos años y medio. Y allí aparece una ventaja: ya conocen lo que significa trabajar bajo estándares exigentes.

“Trabajamos con los hipermercados, que son muy exigentes en cuanto a las entregas. Realmente el cumplimiento, la calidad, son los estándares que exigen. Entonces, estamos preparados en ese sentido para abarcar el rubro de la minería”, señaló Holzman.

El desafío no es menor. La minería exige trazabilidad, calidad, cumplimiento de plazos, especificaciones técnicas y capacidad de respuesta. Pero LHAKA sostiene que ya tiene buena parte de esa estructura construida.

Incluso logró una certificación ISO 9001 luego de un proceso de formación que demandó alrededor de un año y medio. Y ese es el argumento central con el que quieren presentarse frente a la industria: no piden una oportunidad por su historia; quieren competir por su capacidad.

Una oportunidad que puede multiplicarse

La inserción en la minería tampoco se limita a convertirse en proveedor de una gran compañía minera. LHAKA identifica un mercado mucho más amplio: contratistas, constructoras, empresas de servicios y proveedores que también necesitan indumentaria.

En la entrevista se mencionó una estructura de alrededor de 900 proveedores vinculados al sector minero en la provincia, además de empresas constructoras y contratistas que demandan grandes cantidades de prendas.

Por eso la estrategia es llegar antes.

Estar preparados cuando los grandes proyectos entren en producción. Tener capacidad instalada. Ser conocidos. Haber demostrado que pueden cumplir.

Y LHAKA ya dio un primer paso concreto: anunció su participación en Argentina Mining, donde buscará mostrar su producción y acercarse a nuevos clientes del sector.

El verdadero impacto de comprar local

Hay otra dimensión que atraviesa toda esta historia.

Cuando una empresa compra una prenda a LHAKA, no está simplemente adquiriendo un uniforme. La compra genera actividad en una comunidad ubicada a cientos de kilómetros de la capital provincial. Puede significar nuevas capacitaciones, más trabajadores, más producción, más transporte y nuevos proveedores locales.

“Acá la compra de una prenda también trae un montón de oportunidades. Hay nuevas capacitaciones, que puedan sumarse más personas de la zona, de la comunidad”, explicó Holzman.

En un territorio donde las oportunidades laborales formales no abundan, ese efecto multiplicador puede ser mucho más importante que el valor de una orden de compra.

Y ahí aparece una de las grandes discusiones que atraviesan hoy a la minería: cómo lograr que el crecimiento de los proyectos se traduzca en desarrollo real para las comunidades y proveedores de las regiones donde se instalan.

LHAKA busca ser parte de esa respuesta.

No desde el asistencialismo. No desde la excepción. No desde la idea de que una empresa debe comprarles porque están en una comunidad originaria.

Sino desde algo mucho más potente: que puedan competir de igual a igual.

“Competimos en igualdad de condiciones cuando trabajamos con los hipermercados”, sostuvo Segovia. La producción de LHAKA incluso llega a las góndolas bajo marcas de sus clientes, sin que necesariamente el consumidor sepa que fue confeccionada en una comunidad wichí del Chaco salteño.

Y quizás ahí esté la mejor prueba de todo lo que consiguieron.

Porque detrás de cada prenda no hay solamente una historia de inclusión. Hay una fábrica. Hay trabajadores capacitados. Hay procesos. Hay máquinas. Hay controles de calidad. Hay logística. Hay clientes exigentes.

Y ahora hay también una ambición nueva: entrar en la minería.

Desde un lugar remoto, una comunidad que durante años fue mirada desde la necesidad empieza a ser mirada desde su capacidad.

Y ese cambio, más que una historia sobre una fábrica textil, es una historia sobre lo que puede suceder cuando una oportunidad llega, se sostiene en el tiempo y encuentra personas dispuestas a aprender, capacitarse y crecer.

LHAKA ya demostró que se puede producir en el interior profundo. Ahora quiere demostrar que también puede hacerlo para una de las industrias más exigentes de la Argentina.

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