Una ingeniera salteña propone crear un bancos de semillas en la Puna para anticiparse a la restauración minera

Melisa Paniagua busca incorporar viveros y bancos genéticos desde el arranque del proyecto permite transformar la gestión ambiental en un proceso continuo.
Salta08/04/2026Salta MiningSalta Mining
Melissa Paniagua en el stream en vivo de Salta Mining.
Melisa Paniagua en el stream en vivo de Salta Mining.

“Si vos hacés tu propio vivero y banco de semillas en la Puna, podés empezar a recuperar el territorio desde las primeras etapas del proyecto y llegar al cierre de mina con áreas ya restauradas”, sostiene la ingeniera en recursos naturales y medio ambiente Melisa Paniagua, al describir una de las herramientas más innovadoras —y aún poco explotadas— para la gestión ambiental en la minería argentina.

La afirmación sintetiza un cambio de paradigma que comienza a consolidarse en el país: pasar de una lógica reactiva a una planificación ambiental estratégica desde el inicio de los proyectos. En regiones sensibles como la Puna salteña, donde las condiciones climáticas y ecológicas imponen desafíos extremos, la posibilidad de desarrollar viveros y bancos de semillas propios en los predios mineros abre una ventana concreta hacia procesos de remediación más eficientes, sostenibles y alineados con estándares internacionales.

Paniagua, formada en la Universidad Nacional de Salta y con experiencia tanto en el sector público como en el privado, explica que la clave está en incorporar estas herramientas desde la línea de base ambiental. “No requiere grandes estructuras: es un laboratorio, un vivero y mano de obra capacitada”, señala, al tiempo que remarca que su implementación temprana permite contar con plantines nativos disponibles a medida que avanzan las distintas etapas del proyecto, incluyendo cierres intermedios y finales.

La especialista advierte que la dinámica propia de la actividad minera —especialmente en fases de exploración y construcción— genera múltiples intervenciones sobre el territorio, como la apertura de caminos o la instalación de campamentos temporales. Sin embargo, muchas de estas áreas quedan luego sin uso, configurando oportunidades concretas para la restauración ambiental. “Si uno mira un predio minero desde arriba, ve una red de caminos como hormigas. Muchos dejan de ser necesarios y pueden recuperarse con estrategias adecuadas de reforestación”, explica.

Este enfoque se enmarca en una transformación más amplia de la gestión ambiental minera en Argentina, impulsada en gran parte por la llegada de capitales internacionales y la adopción progresiva de buenas prácticas de países con larga tradición en la actividad, como Chile, Perú o Canadá. En ese sentido, Paniagua destaca que el fortalecimiento de los equipos ambientales dentro de las empresas ha sido uno de los avances más significativos de los últimos años, permitiendo mejorar los controles, optimizar la documentación y responder con mayor eficacia a auditorías e inspecciones.

Otro eje central de esta evolución es el vínculo con las comunidades, particularmente en la región andina. Según la especialista, las comunidades de la Puna han pasado de un rol pasivo a una participación activa en los procesos de monitoreo y control ambiental. “Hoy pueden reportar incidentes, exigir información y participar en instancias clave como audiencias públicas. Eso eleva el estándar para toda la industria”, afirma.

En paralelo, la gestión del recurso hídrico se posiciona como uno de los temas más sensibles y determinantes. La creciente demanda de transparencia y control ha derivado en sistemas de monitoreo participativo más robustos, donde las empresas no solo deben cumplir con la normativa, sino también demostrar de manera continua su desempeño ambiental.

En este contexto, la incorporación de bancos de semillas —inspirados en modelos internacionales como el de Noruega, que resguarda más de un millón de especies— aparece como una estrategia concreta para fortalecer la resiliencia ecológica de los territorios intervenidos. Adaptada a la realidad local, esta herramienta permite preservar el acervo genético de especies nativas y facilitar procesos de reforestación acordes a cada ecosistema.

Para Paniagua, el desafío hacia adelante no es menor, pero el camino es claro: consolidar una minería que no solo minimice impactos, sino que también genere valor ambiental. “Argentina avanzó mucho. Hoy hay más recursos, más controles y más conciencia. Pero la clave está en la planificación y en animarse a aplicar soluciones que ya funcionan en otras partes del mundo”, concluye.

Así, en medio del crecimiento sostenido del sector minero, la gestión ambiental deja de ser un requisito formal para convertirse en un eje estratégico. Y en ese nuevo escenario, iniciativas como los viveros y bancos de semillas en la Puna no solo representan una innovación técnica, sino también una señal de hacia dónde se dirige la minería del futuro en el país.

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