El horizonte hídrico de los Andes: la desalinización emerge como una alternativa estratégica para la minería argentina

La disponibilidad de agua se convirtió en un factor determinante para los grandes proyectos de cobre y litio que se desarrollan en la cordillera, especialmente en Salta, Catamarca y San Juan. La desalinización aparece como una alternativa a futuro. 
Salta28/07/2026 Por Salta Mining
agua del pacifico

La creciente demanda de este recurso, sumada a la necesidad de preservar las cuencas hídricas altoandinas y mantener la denominada "licencia social", está impulsando una transformación tecnológica que hace algunos años parecía lejana, la utilización de agua desalinizada proveniente del Océano Pacífico para abastecer las operaciones mineras.

La experiencia chilena demuestra que este camino dejó de ser tan solo una posibilidad para convertirse en una política de Estado. El país vecino cuenta actualmente con decenas de plantas desalinizadoras en funcionamiento y proyecta que hacia 2040 cerca del 95% de su producción minera utilice agua de mar tratada, reduciendo significativamente la extracción de agua continental.

Vale aclarar que se trata de una alternativa costosa por el alto consumo de electricidad, pero que podría ser viable con obras con energías renovables, como parques solares y eólicos, y la aplicación de tecnologías como los reactores modulares CAREM. 

Salta, frente a un cambio de paradigma

Para Salta, donde avanzan proyectos de clase mundial como Taca Taca y otros importantes desarrollos de cobre y litio, el acceso sustentable al agua representa uno de los grandes desafíos de las próximas décadas.

La minería requiere grandes volúmenes de agua para procesos industriales como la flotación de minerales, la lixiviación, la refrigeración de plantas y el transporte de pulpas minerales. Tradicionalmente estos recursos provienen de acuíferos y cuencas locales, pero el crecimiento de la actividad obliga a buscar nuevas fuentes que permitan preservar los ecosistemas de la Puna.

En este contexto, el Océano Pacífico aparece como una alternativa estratégica. La posibilidad de construir sistemas de captación, desalinización y transporte mediante grandes acueductos hacia la cordillera permitiría abastecer proyectos argentinos sin incrementar la presión sobre los recursos hídricos continentales.

El principal antecedente regional es el sistema desarrollado para abastecer al Distrito Norte de Codelco y a la minera Collahuasi.

El proyecto SADDN, ejecutado por Techint Ingeniería y Construcción, demandó una gran inversión e implicó transportar agua desalinizada durante aproximadamente 160 km, elevándola más de 4.000 msnm mediante estaciones de bombeo de alta presión.

Esta infraestructura constituye hoy una referencia internacional para proyectos que buscan desarrollarse en ambientes desérticos de alta montaña.

La experiencia también involucra a empresas con fuerte presencia en Argentina. Lundin Mining, por ejemplo, opera una planta desalinizadora que abastece su mina Candelaria en Chile, acumulando un conocimiento técnico que podría ser aprovechado en futuros emprendimientos binacionales, particularmente tras la conformación de Vicuña Corp junto a BHP.

Los proyectos argentinos analizan alternativas

Mientras la opción del agua del Pacífico gana protagonismo, también surgen propuestas que buscan aprovechar recursos hídricos locales con elevados niveles de salinidad natural.

Una de ellas fue presentada por el ingeniero Luis Jiménez, de la Universidad Católica de Cuyo, quien plantea tratar aguas del Río Blanco mediante sistemas de ósmosis inversa.

Según esa propuesta, además de obtener agua apta para uso industrial, sería posible remover importantes cantidades de boro, mejorando la calidad del recurso disponible para la producción agrícola en departamentos sanjuaninos como Jáchal e Iglesia.

La comparación técnica muestra ventajas y desventajas para ambas alternativas.

El abastecimiento desde el Pacífico permitiría preservar prácticamente toda el agua continental utilizada actualmente por la minería, aunque requiere inversiones multimillonarias y un enorme consumo energético debido a la necesidad de elevar el agua miles de metros hasta la cordillera.

Por otro lado, el tratamiento de aguas locales presenta menores costos energéticos y de infraestructura, aunque depende de la disponibilidad y características hidroquímicas de cada cuenca.

El marco legal ya existe

Uno de los aspectos más relevantes es que la construcción de infraestructura hídrica entre ambos países cuenta con respaldo jurídico.

El Tratado de Integración y Complementación Minera firmado entre Argentina y Chile en 1997 contempla la posibilidad de desarrollar obras binacionales mediante Protocolos Adicionales Específicos, administrados por una comisión conjunta.

Este instrumento podría facilitar futuras inversiones destinadas a transportar agua desalinizada desde la costa chilena hacia proyectos ubicados en territorio argentino.

Sin embargo, todavía quedan desafíos importantes por resolver, entre ellos las servidumbres de paso para los ductos, los permisos ambientales y la aceptación social de este tipo de iniciativas en ambos países.

Taca Taca y Vicuña, protagonistas del nuevo escenario

Dentro de este proceso, algunos proyectos aparecen como candidatos naturales para incorporar este tipo de soluciones.

En Salta, Taca Taca es considerado uno de los mayores yacimientos de cobre sin desarrollar del mundo. Sus dimensiones y vida útil proyectada convierten al abastecimiento hídrico en un aspecto estratégico para garantizar su operación durante varias décadas.

Al mismo tiempo, el Distrito Vicuña, impulsado por Lundin y BHP entre Argentina y Chile, representa uno de los ejemplos más claros de integración regional.

La cercanía con la infraestructura chilena, los puertos del Pacífico y la experiencia acumulada en desalinización convierten a esta iniciativa en un verdadero laboratorio para el desarrollo de sistemas binacionales de transporte tanto de concentrados minerales como de agua desalinizada.

Energía, el gran desafío

El principal condicionante para la desalinización continúa siendo el costo energético. Las plantas de ósmosis inversa y los sistemas de bombeo de alta presión requieren un suministro eléctrico permanente y de gran escala.

Por ello, tanto Chile como Argentina analizan complementar estas obras con energías renovables, especialmente parques solares y eólicos, mientras algunos especialistas también destacan el potencial que podrían ofrecer en el futuro tecnologías como los reactores modulares CAREM para aportar energía de base con bajas emisiones.

La disponibilidad de financiamiento, impulsada en Argentina por el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), también será un factor decisivo para concretar este tipo de infraestructura.

Más allá del desafío tecnológico, la utilización de agua desalinizada representa un cambio profundo en la forma de concebir la minería en la zona andina.

La posibilidad de reducir la presión sobre acuíferos y ríos de montaña podría fortalecer la sustentabilidad de los proyectos, mejorar la relación con las comunidades y garantizar el desarrollo de una industria que será clave para la transición energética mundial.

Para Salta, donde convergen algunos de los proyectos cupríferos y de litio más importantes del país, esta discusión se transforma en una decisión estratégica que definirá buena parte del crecimiento minero durante las próximas décadas.

En ese escenario, la cooperación entre Argentina y Chile, la innovación tecnológica y una gestión eficiente del recurso hídrico aparecen como los pilares sobre los que se construirá la próxima generación de la minería andina.

Te puede interesar
Lo más visto
Suscríbete nuestro newsletter para tener todas las novedades de la minería en tu email.