Una científica argentina impulsa la incorporación de saberes ancestrales en la evaluación de la minería del litio

Andrea Izquierdo, investigadora del Conicet, fue reconocida por el Frontiers Planet Prize 2026 tras un estudio que analiza cómo el conocimiento de las comunidades de la Puna puede mejorar la evaluación de los impactos de la minería del litio.
Argentina01/06/2026Salta MiningSalta Mining

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En medio de la expansión de la industria del litio en el noroeste argentino, una investigación liderada por la bióloga cordobesa Andrea E. Izquierdo propone un enfoque que busca acercar dos mundos que históricamente han transitado caminos paralelos: la ciencia académica y el conocimiento de las comunidades indígenas que habitan los salares de la Puna.

La investigadora, integrante del Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (Imbiv-Conicet/UNC), fue distinguida como campeona nacional argentina del Frontiers Planet Prize 2026, uno de los reconocimientos internacionales más importantes para trabajos científicos vinculados con los desafíos ambientales globales. El premio le permitirá representar al país en la instancia internacional, donde competirá junto a otros especialistas por un financiamiento de un millón de dólares destinado a potenciar investigaciones de alto impacto.

Su trabajo, recientemente publicado en la revista científica Environmental Science & Policy, analiza cómo la inclusión del conocimiento indígena y local puede fortalecer los mecanismos de evaluación de sostenibilidad aplicados a la minería del litio, una actividad que concentra gran parte de su desarrollo en territorios habitados ancestralmente por pueblos kollas, atacameños y diaguitas.

“Las comunidades indígenas no están hablando de cosas tan distintas a lo que dicen los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS); es más, los lineamientos de los ODS están en su cosmovisión”.

Más de una década estudiando los ecosistemas altoandinos

La trayectoria de Izquierdo en la región se extiende por más de doce años. Su labor comenzó con investigaciones sobre los humedales de altura de la Puna, pero el contacto permanente con las poblaciones locales la llevó a profundizar en las transformaciones sociales y ambientales asociadas al crecimiento de la actividad extractiva.

“En ese transitar territorios y de conocer a las comunidades y compartir sus vivencias, empezamos a interesarnos en las problemáticas socioecológicas de la región”, cuenta.

El contexto no es menor. Argentina se consolidó en los últimos años como uno de los principales actores del mercado global del litio, impulsada por la creciente demanda de minerales críticos para la fabricación de baterías y tecnologías vinculadas a la transición energética. Actualmente, el país concentra una porción significativa de los recursos y reservas mundiales del mineral.

En la Puna argentina, donde se desarrolla la mayor parte de esta actividad, 28 compañías llevan adelante tareas de exploración, mientras que existen seis operaciones productivas en marcha y decenas de proyectos en diferentes etapas de avance.

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La mirada de las comunidades sobre los impactos mineros

La investigación se desarrolló en comunidades ubicadas en Salta, Jujuy y Catamarca, donde el equipo analizó la percepción local respecto de los efectos ambientales, económicos y sociales asociados a la extracción de litio.

Los resultados revelaron que los habitantes poseen una comprensión integral del territorio y una capacidad de observación que complementa los indicadores habitualmente utilizados por organismos técnicos y científicos. Sin embargo, ese conocimiento aún tiene una participación limitada en los sistemas formales de monitoreo y gestión de impactos.

“El principal mensaje de este estudio es que para que la transición energética sea justa, debe ser participativa y respetuosa con las realidades locales”.

A partir de una metodología basada en 15 impactos previamente identificados por la literatura científica, el trabajo evaluó hasta qué punto las perspectivas comunitarias son consideradas en los procesos de toma de decisiones vinculados al desarrollo minero.

“Es importante porque la transición energética no debe reproducir nuevas formas de degradación ecológica o desigualdad social”.

Una dimensión poco estudiada: la salud mental

Entre los hallazgos más relevantes surgió un aspecto que rara vez ocupa un lugar central en los estudios ambientales: la salud mental de las poblaciones cercanas a los proyectos mineros.

Mientras la bibliografía especializada suele concentrarse en variables físicas y ambientales, los testimonios recogidos por la investigación evidencian preocupaciones relacionadas con el estrés, la angustia y otros trastornos emocionales vinculados a los cambios acelerados que experimentan las comunidades.

“Lo que más me conmueve es que ellos hablan de cambios en la salud mental. En la bibliografía científica es muy común hablar de los impactos en vías respiratorias por el polvo de la voladura de componentes en las minas. Sin embargo, ellos están refiriendo depresiones, estrés, angustia, enfermedades que no tuvieron nunca. Me parece tristísimo que nos esté pasando esto como humanidad”.

Además de estas preocupaciones, los pobladores señalaron posibles efectos sobre la disponibilidad de agua, modificaciones permanentes en el paisaje altoandino y transformaciones en actividades tradicionales como la ganadería, históricamente vinculadas a la identidad cultural de la región.

Para la investigadora, estos cambios trascienden la dimensión ambiental y alcanzan aspectos profundos de la vida comunitaria.

“El impacto es inmenso y a todos los niveles. Se modifica su forma de vida con ritmos cuasi urbanos”.

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