Argentina frente al nuevo escenario de EE.UU., entre la incertidumbre financiera y la disputa por el litio y el cobre

El cambio en la composición del Congreso estadounidense abre interrogantes sobre la continuidad del respaldo financiero de Washington al gobierno de Javier Milei. Aunque las herramientas del Tesoro norteamericano mantienen margen de acción, el nuevo escenario político puede repercutir en el costo de financiamiento de los grandes proyectos mineros argentinos.
Argentina07/11/2026 Por Joaquín Díaz Cabral
ELECCIONES EN EEUU
ELECCIONES EN EEUU

Tras las elecciones de medio término en Estados Unidos, la economía argentina mira de reojo hacia Washington. 

El nuevo escenario político estadounidense introduce la pérdida del control del Congreso por parte de los republicanos y obliga a Donald Trump a negociar con una oposición, que ahora tiene mayor capacidad para condicionar sus decisiones. Si bien eso no significa que Estados Unidos vaya a modificar automáticamente su relación con Argentina, sí abre interrogantes sobre la continuidad del respaldo financiero que recibió el gobierno de Javier Milei hasta ahora. 

Durante 2025, la administración Trump tuvo un papel central en la estabilización financiera argentina. La intervención del Tesoro norteamericano en el mercado cambiario y el anuncio de una línea de crédito de 20.000 millones de dólares fueron señales políticas y económicas de enorme peso. 

Ahora, ese respaldo deberá atravesar una nueva etapa. Ahora cabe preguntarse cuánto margen tendrá la Casa Blanca para sostener ese compromiso y qué condiciones políticas acompañarán las próximas decisiones. 

Leo Anzalone, del Centro de Estudios Políticos y Económicos, advierte que el nuevo equilibrio legislativo puede elevar la incertidumbre y afectar la percepción de riesgo sobre Argentina. En cambio, Mariano Sardáns, de FDI Gerenciadora de Patrimonios, considera que la relación estratégica entre ambos países tiene una profundidad que supera las diferencias partidarias y que el Ejecutivo estadounidense conserva herramientas para intervenir en cuestiones financieras internacionales. 

Hay un dato importante y es que el Fondo de Estabilización Cambiaria, utilizado para instrumentar el esquema de asistencia financiera de 2025, depende de la órbita del Departamento del Tesoro. Por eso, más allá del resultado electoral, una de las principales incógnitas está dentro del propio gobierno estadounidense. La continuidad de Scott Bessent, uno de los principales impulsores del respaldo a la Argentina, será observada de cerca por los mercados. 

El problema es político y financiero 

Para la minería, una eventual pérdida de previsibilidad en la relación bilateral podría terminar impactando en las condiciones de financiamiento de los proyectos. 

Construir una mina de cobre en la cordillera requiere miles de millones de dólares, años de trabajo y compromisos financieros de largo plazo.  Cuando aumenta el riesgo de un país, los bancos y los fondos internacionales exigen mayores retornos para prestar dinero o participar de un proyecto. Eso encarece los créditos, endurece las condiciones de financiamiento y puede obligar a las compañías a postergar decisiones de inversión. La diferencia entre un proyecto que avanza y otro que queda esperando puede estar en unos pocos puntos de la tasa de interés. 

El impacto tampoco sería igual para toda la actividad, porque los grandes desarrollos de cobre, que necesitan inversiones iniciales enormes y tienen plazos de recuperación prolongados, son más vulnerables a los cambios en el costo del capital. En cambio, algunas ampliaciones de plantas de litio que ya están funcionando pueden apoyarse parcialmente en sus propios ingresos y avanzar por etapas. 

Esa diferencia es importante para entender por qué el futuro de proyectos como Vicuña, El Pachón, MARA y Taca Taca estará particularmente ligado a la estabilidad financiera argentina. 

Salta tiene mucho en juego  

El caso de Rincón Litio, de Rio Tinto, es uno de los más relevantes. Con una inversión proyectada de 2.724 millones de dólares y una planta prevista para producir 60.000 toneladas anuales de carbonato de litio grado batería, representa una apuesta de largo plazo para la provincia. 

También aparece el proyecto PPG, impulsado por Ganfeng Lithium y Lithium Argentina, que proyecta una inversión cercana a los 2.000 millones de dólares y una producción de 150.000 toneladas anuales de equivalente de carbonato de litio. 

En ambos casos, queda en evidencia la escala de las inversiones, pero también deja en evidencia cuestiones clave que todavía representan un talón de Aquiles en el norte, como lo son rutas adecuadas, energía, agua, logística y proveedores preparados. Sin estos puntos, los proyectos difícilmente puedan alcanzar todo su potencial. Todo esto requiere de inversiones y financiamiento. 

Estados Unidos y China quieren lo mismo 

Mientras Argentina intenta consolidar sus proyectos, las principales potencias económicas disputan el control de las cadenas de abastecimiento de minerales críticos. 

Estados Unidos busca reducir su dependencia de China en el procesamiento de litio y otros recursos estratégicos. Beijing, por su parte, ya tiene una presencia consolidada en el territorio argentino, con empresas que participan en proyectos, aportan financiamiento y tienen vínculos comerciales con los principales centros de procesamiento. 

Ganfeng Lithium, Zijin Mining y Tsingshan son algunos de los grupos chinos con participación en activos mineros argentinos. Las inversiones chinas superarían los 3.400 millones de dólares y sus empresas absorben una parte significativa de las exportaciones nacionales de carbonato de litio. 

Ese escenario plantea un desafío para la política exterior argentina. El acercamiento a Washington puede abrir puertas a nuevas inversiones, créditos y garantías financieras, pero no debería convertirse en un obstáculo para el capital chino que ya participa de la actividad. 

La minería necesita pragmatismo, porque las empresas que hoy desarrollan proyectos en el país no responden a una sola bandera y tampoco comercializan toda su producción con un único mercado. 

El acuerdo comercial entre Argentina y Estados Unidos, firmado en febrero de este año sobre la base del entendimiento alcanzado en noviembre de 2025, busca profundizar esa relación. Incluye beneficios arancelarios, facilidades para importar bienes de capital y mecanismos de cooperación en minerales críticos. 

También abre la posibilidad de participación de organismos estadounidenses como la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional (DFC) y el EXIM Bank en el financiamiento de proyectos e infraestructura. 

La subjefa de misión de la Embajada estadounidense en Buenos Aires, Heidi Gómez Rápalo, expresó la intención de Washington de acompañar a la Argentina para convertirla en un referente mundial de minerales críticos.  Sin embargo, no deja de ser solo una declaración diplomática. 

Las exportaciones 

Hay otra cuestión que merece una discusión más profunda. Argentina alcanzó en 2025 exportaciones mineras por 6.037 millones de dólares, un récord histórico que representó un crecimiento interanual del 29,2%. 

Pero detrás de ese resultado hay una buena parte de los ingresos que sigue dependiendo del oro y la plata, dos minerales cuya producción está vinculada a yacimientos que llevan décadas de explotación y enfrentan un agotamiento progresivo de sus reservas. 

El récord exportador estuvo impulsado, en gran medida, por las cotizaciones internacionales del oro. Es decir, no todo el crecimiento responde a un aumento de la producción física.  Por eso, el desarrollo del cobre y la expansión del litio son una necesidad para sostener el crecimiento de la minería argentina durante las próximas décadas. 

Proyectos como Vicuña, con inversiones estimadas entre 16.000 y 18.000 millones de dólares; El Pachón, con una primera etapa de 9.500 millones; y MARA, con unos 4.000 millones, muestran la dimensión de lo que está en juego. Pero también muestran el tamaño de los obstáculos. Son inversiones que necesitan estabilidad macroeconómica, infraestructura y financiamiento internacional. Ningún cambio político en Washington debería analizarse de manera aislada de esas condiciones. 

Lo que depende de Argentina 

El nuevo escenario estadounidense obliga a mirar con atención la política internacional, pero sería un error atribuirle a Washington toda la responsabilidad sobre el futuro minero argentino. 

La Argentina tiene cuestiones propias que resolver, como la velocidad de aprobación de los proyectos, la previsibilidad tributaria, las normas ambientales, la infraestructura vial y energética y el desarrollo de proveedores locales son factores que dependen, en buena medida, de decisiones nacionales y provinciales. 

El RIGI representa una herramienta importante para atraer grandes inversiones, pero no reemplaza la necesidad de construir condiciones reales para producir. Lo mismo ocurre con los acuerdos comerciales. Abrir mercados es importante, pero después hay que tener capacidad para abastecerlos. 

Hoy por hoy, en el NOA la discusión debe incluir el impacto sobre las economías locales, es decir cuánto trabajo genera, qué participación tienen las empresas regionales y qué infraestructura queda para las comunidades. 

Nada está garantizado en cuanto a las oportunidades que se presentan por estos días. Estados Unidos puede cambiar sus prioridades, China puede profundizar su presencia y los mercados pueden encarecer el financiamiento. Son variables que el país no controla. Lo que sí puede controlar es la calidad de sus decisiones. 

La minería argentina no necesita elegir entre Washington y Beijing como si se tratara de una disputa ajena. Necesita negociar con ambos, cuidar sus intereses, generar confianza y convertir sus recursos naturales en producción, empleo e infraestructura. 

El riesgo no es que cambie el equilibrio político en Estados Unidos, sino que Argentina pierda una oportunidad histórica por no resolver sus propios problemas. 

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